sábado, 28 de septiembre de 2013
Dime que no fue verdad
Que en aquella tarde de Agosto, donde amargos quedaban los posos residuales de mi café de costumbre en la terraza del bar, te fuiste. Yo, inconsciente a toda eventualidad que pudiera afectar a "lo nuestro" no sentía el mas mínimo resquemor mientras que en tus uñas se quedaba incrustado el yeso. Yo en la inopia y tu en el dualismo feroz de la duda entre tradición y novedad. Mientras que nos ahogabas con tus dudas de tu naturaleza propia, me gritas, me inculpas, me odias, me escupes...
martes, 17 de septiembre de 2013
Amanita fibrosa
No sabía nada de ti. Empecé a conocerte, como caída de mundos raros y extraños. Fue con algún que otro café, asignaturas comunes y unas pocas charlas por los pasillos cuando supe de tu voz y de tus uñas. Una chica tímida, pálida pero bastante simpática me pareciste al principio.
El tiempo empezó a juntarnos con algunas excusas, trabajos, planes y cenas. Hablábamos del tiempo, de clase, de los viajes y con un poco mas de confianza, de los amores. Yo te contaba mis aventuras inmorales y tu tus deseos carnales hacia aquella eminencia barbuda. En la casa suiza comenzamos a grabarnos en nuestros primeros cortos de locura, amor y poesía. Más tarde llegaron los de película.
¿Cuánto habremos recordado aquellas noches en las que juntos trabajábamos o bebíamos? El montaje de los vídeos, la noche difusa por la playa llena de arena, hasta en los calcetines, o cuando anochecidos por los dragones volvíamos a casa. Aun quedan cercanas, al alcance de los dedos, las tardes en la que las violetas volaban por nuestras bocas y renacían en las arrugas de nuestros ojos. Con ellas liberábamos tensiones, relatos de las pasiones mas arrinconadas y sobre todo, mientras mirábamos el techo, sonaba la música a nuestros oídos. No fue ni la distancia ni el tiempo excusas para dejar de vernos, pues, aunque mermada, siempre tenemos el vicio de quedar para volver a violarnos la mente y, últimamente, los pulmones y la imaginación.
Ahora me preguntas que pienso de ti, pues no tengo una respuesta clara, has sido una oruga en mis manos que la vi vestirse de mariposa. Te vi volar, te vi planear y vagar por mundos ajenos a estos. Pero también sé que volviste y me constaste de aquellos parajes, de trajiste el souvenir de la risa y me aseguraste que aquello no había quedado ahí, que volverías. En este tiempo en el que llevamos de rodaje me he dado cuenta que contigo puedo ser el actor mas bizarro, pues la premisa mayor es que seamos amigos para cuidarnos y que lo que hagamos nunca perjudica al prójimo, que, si queremos vivir miles de batallas jamás nos culparán por los heridos que dejemos, sino que volveremos al hogar, una vez mas, y nos sentaremos a escuchar los miles de relatos que nos apasionan escuchar.
http://www.youtube.com/watch?v=v5hTFXe9_6c
El tiempo empezó a juntarnos con algunas excusas, trabajos, planes y cenas. Hablábamos del tiempo, de clase, de los viajes y con un poco mas de confianza, de los amores. Yo te contaba mis aventuras inmorales y tu tus deseos carnales hacia aquella eminencia barbuda. En la casa suiza comenzamos a grabarnos en nuestros primeros cortos de locura, amor y poesía. Más tarde llegaron los de película.
¿Cuánto habremos recordado aquellas noches en las que juntos trabajábamos o bebíamos? El montaje de los vídeos, la noche difusa por la playa llena de arena, hasta en los calcetines, o cuando anochecidos por los dragones volvíamos a casa. Aun quedan cercanas, al alcance de los dedos, las tardes en la que las violetas volaban por nuestras bocas y renacían en las arrugas de nuestros ojos. Con ellas liberábamos tensiones, relatos de las pasiones mas arrinconadas y sobre todo, mientras mirábamos el techo, sonaba la música a nuestros oídos. No fue ni la distancia ni el tiempo excusas para dejar de vernos, pues, aunque mermada, siempre tenemos el vicio de quedar para volver a violarnos la mente y, últimamente, los pulmones y la imaginación.
Ahora me preguntas que pienso de ti, pues no tengo una respuesta clara, has sido una oruga en mis manos que la vi vestirse de mariposa. Te vi volar, te vi planear y vagar por mundos ajenos a estos. Pero también sé que volviste y me constaste de aquellos parajes, de trajiste el souvenir de la risa y me aseguraste que aquello no había quedado ahí, que volverías. En este tiempo en el que llevamos de rodaje me he dado cuenta que contigo puedo ser el actor mas bizarro, pues la premisa mayor es que seamos amigos para cuidarnos y que lo que hagamos nunca perjudica al prójimo, que, si queremos vivir miles de batallas jamás nos culparán por los heridos que dejemos, sino que volveremos al hogar, una vez mas, y nos sentaremos a escuchar los miles de relatos que nos apasionan escuchar.
http://www.youtube.com/watch?v=v5hTFXe9_6c
sábado, 14 de septiembre de 2013
Tú (r)
No entiendo, desde lo que somos, nuestros mecanismos. Puedo desnudarte la mente cada vez que nos encontramos, pues no juzgamos nuestros actos externos, solo nos aconsejamos y desde la lejanía nos queremos. Existe la barrera del físico que, según mi teoría platónica no cruzaremos hasta que seamos dos personas mayores dispuestos a viajar juntos lo que nos queda de vida, pues ambos estamos de acuerdo que nuestra convivencia sería apacible, como una balsa de aceite. Te veo como el duende invisible, mi mundo fuera de este mundo donde hablar, reír o discutir. Voz de sabiduría en cada palabra, consejo con el corazón escrito, carácter, humor, paradojas, eres un accidente cartesiano en cuanto a una idea, la mejor de las cosas. Desprendes la cultura que encierras, sin perder tu místico atractivo de chica intelectual de biblioteca. Me resultas, a veces, irónica, pues tan correcta y excelente y, cuando escapas en tus sábados de desmadre y desenfreno, pierdes tus lentes. Una cara de criatura tierna con sus ocultos vicios. No te culpo. Yo también los tengo y te los cuento cuando te necesito. Esto es como aquella historia de un hombre que esperó cincuenta años al amor de su vida, que vivió en lascivia mientras su alma suspiraba por saber cuando la tendría. Pasaron los años y cuando el fin de sus días estaba próximo, se encontró en un río sujetando su mano. Esta, por el contrario, no es una historia de amor en la que esperamos la pasión de la juventud, sino la calma de la vejez, de la brisa rozando nuestros cabellos encanecidos y plateados por el sol, mientras nuestros segundos se consumen entre palabras y las caricias de la convivencia.
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