Ya se me olvidan. Se me olvida las frases, los versos y las comas. También se me olvidan los pigmentos de las flores, las películas de Kubrick y las palabras gritadas. Las cortas miradas, los periódicos mojados de tinta de manzana y el té de vaca cayeron al olvido. Olvidé las palabras de las canciones que decían magia, olvidé ese leit motiv que las acompañaba y que decían solo tres letras. Olvido la inútil cultura que aprendí gracias al mundo que habité. Debería haber olvidado el olvidar, es como una honda destructiva que se lo come todo. Se destruyeron los pensamientos positivistas, los existencialistas, los ateos, los de fe, los ideales, el todo y la nada. Me olvidé de un montón de paisajes lunares, de los billetes de bus, de las marquesinas derretidas en una tarde de verano. Me olvidé de tres domingos. Me olvidé de las fugas, de los caminos, de las "sonrrisas", de las lagrimas. Me olvidé de los juegos y de las sorpresas. Me olvidé del caer y del levantarme. Acabé olvidando las tardes que parecían noches bajo mantos de piel de conejo. Quise olvidar el caballo, la capa, el manto y la espada. Cayeron al olvido ciudades y pueblos, parajes, paraísos. Descarté de mi memoria los mitos, los cuentos y los ritos. Lo que también olvidé fueron los moratones del calor, las uñas, los besos y los abrazos; estos desistieron antes del tiempo de tiranía del olvido.
Olvidé muchas mas cosas de las que digo que olvido. Ahora diré que me olvidaré de mi...
jueves, 29 de noviembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Reflexión abstracta del amor
No te pedí que me esperaras para siempre, ese siempre que dura hasta después de la caducidad de los contratos. Supongo que por eso mi culo inquieto decidió pensarte tarde. No te pedí millones de veces que el aire de mis pulmones se compusiera de aire y algo mas, de una esencia indescifrable, de una mezcla compuesta, de una configuración predeterminada. No creí haberte pedido que nuestros dedos arrugados se juntaran en la lectura de un mismo libro. Jamás te pedí que te tropezaras, y que tus propias heridas, sangrantes para mi también, te matasen. Jamas te pedí que adornaras tanto una cena, que pintases los platos con reflejos oscuros, las copas con efectos y sonidos tontos o que cambiases la mesa por una redonda, eso son cosas demasiado estúpidas que jamas pediría. Jamas te dije que esos labios rojos eran del mejor rojo que había conocido, que si no fuese por mis años en estas guerras y por alguna que otra amputación, me gustaría seguir viéndolos.
Pero jamás te lo pediré, por que yo no hablo de esas cosas.
Me pediste demasiadas veces que te amara, que fuera a por ti en posturas ecuestres, ridículas por cierto. Me pediste que un mar de amor me inundara y me ahogara en el seno de una profunda vida de dos. Me pediste que no recordara mas que los perfumes de piel, los mas caros de conservar. Me pediste que no mirara mas allá del horizonte, mas de lo que mis ojos podían mirar. Quedé ciego.
Por eso supongo que ahora tengo tantas y tantas extrañas manías, esas extrañas sensaciones, esas incomodas posturas.
Es por eso que ahora que la nada sopla en mí, cuando en mi interior solo hay eco, es solo por eso ahora que te hago caso.
¿Se escaparon mas "te quieros" de los necesarios?
Creo que alguien los encerró en la cajita que se esconde en la mitad de nuestras camas, lugar inexistente.
¿Fueron nuestros cuerpos algo mas que estufas?
Florecieron demasiadas cosas.
¿Y qué dices ahora de los billetes?
Los tiré todos. Ya no seré ese iluso viajante, ciego de algo dulce.
¿Me sentí alma enamorada o atormentada?
¡Qué cojones importa eso ahora! De verdad que pareces estúpido. Importa mas el ahora, supongo.
Sr. Chess me comentó que el amor iba mas allá de lo sensible, de lo que nuestros prejuicios opinen. También me dedicó divagaciones gratuitas sobre aquellas sabanas que se compartían mientras un ciego corazón deseaba la muerte. Que dejes algo tirado en la cuneta no hará que tu cabeza o que tu corazón dejen de rondar por sus recuerdos. Que los años vividos, las experiencias, los ratos solos o los gustos similares no caían en cajones rotos.Luego se disolvió en vodka.
Ver en el retrovisor de la vida a la gente que saluda. Ver sus caras felices. Ver sus estúpidas sonrisas, sabiendo lo inocentes que eran, que el pasado siempre tuvo una tontería encima que no puede con ella. Los tontos con mala leche es la cosa que mas odio en este mundo. El pasado es uno de ellos. Ese ser abominable que te hace ver lo jodidamente tonto y feliz que fuiste, te recuerda que ya no lo seras por que sabes lo que sabes, que ahora viéndote atrás tragarás amargura y que su amigo, el tiempo, te hace imposible la alteración de los elementos naturales para que, por un error, puedas arreglar los tuyos.
El pasado es el tipo mas desgraciado que conozco: sus manías y vicios son estúpidos.
Como él, yo también perteneceré a un pasado. A una lluvia de gotas, de un río que se irá apaciguando hasta llegar a su mar, mi muerte.
Pero jamás te lo pediré, por que yo no hablo de esas cosas.
Me pediste demasiadas veces que te amara, que fuera a por ti en posturas ecuestres, ridículas por cierto. Me pediste que un mar de amor me inundara y me ahogara en el seno de una profunda vida de dos. Me pediste que no recordara mas que los perfumes de piel, los mas caros de conservar. Me pediste que no mirara mas allá del horizonte, mas de lo que mis ojos podían mirar. Quedé ciego.
Por eso supongo que ahora tengo tantas y tantas extrañas manías, esas extrañas sensaciones, esas incomodas posturas.
Es por eso que ahora que la nada sopla en mí, cuando en mi interior solo hay eco, es solo por eso ahora que te hago caso.
¿Se escaparon mas "te quieros" de los necesarios?
Creo que alguien los encerró en la cajita que se esconde en la mitad de nuestras camas, lugar inexistente.
¿Fueron nuestros cuerpos algo mas que estufas?
Florecieron demasiadas cosas.
¿Y qué dices ahora de los billetes?
Los tiré todos. Ya no seré ese iluso viajante, ciego de algo dulce.
¿Me sentí alma enamorada o atormentada?
¡Qué cojones importa eso ahora! De verdad que pareces estúpido. Importa mas el ahora, supongo.
Sr. Chess me comentó que el amor iba mas allá de lo sensible, de lo que nuestros prejuicios opinen. También me dedicó divagaciones gratuitas sobre aquellas sabanas que se compartían mientras un ciego corazón deseaba la muerte. Que dejes algo tirado en la cuneta no hará que tu cabeza o que tu corazón dejen de rondar por sus recuerdos. Que los años vividos, las experiencias, los ratos solos o los gustos similares no caían en cajones rotos.Luego se disolvió en vodka.
Ver en el retrovisor de la vida a la gente que saluda. Ver sus caras felices. Ver sus estúpidas sonrisas, sabiendo lo inocentes que eran, que el pasado siempre tuvo una tontería encima que no puede con ella. Los tontos con mala leche es la cosa que mas odio en este mundo. El pasado es uno de ellos. Ese ser abominable que te hace ver lo jodidamente tonto y feliz que fuiste, te recuerda que ya no lo seras por que sabes lo que sabes, que ahora viéndote atrás tragarás amargura y que su amigo, el tiempo, te hace imposible la alteración de los elementos naturales para que, por un error, puedas arreglar los tuyos.
El pasado es el tipo mas desgraciado que conozco: sus manías y vicios son estúpidos.
Como él, yo también perteneceré a un pasado. A una lluvia de gotas, de un río que se irá apaciguando hasta llegar a su mar, mi muerte.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Personas que "marcan"
Es difícil resumir toda una vida. Hay tantos aspectos, tantas vivencias, tantos paréntesis y tantas comas...
Lo que me llama realmente la atención y merece al menos una pequeña mención son las personas que nos "marcan". Hay dos tipos de marcas: las "marcas" son aquellos gestos o situaciones que hacen que tengamos un juicio positivo de aquella persona. Por ello decimos que "las personas nos marcan". El otro tipo de marcas son las que te deja la mujer-gato cuando te araña. Alguien lo entenderá.
Tenía que hablar de la felicidad que nos estimula que un grupo de seres, aunque sea reducido, nos marque nuestro pequeño corazón de forma especial.
El hecho de que yo escriba hoy sobre el pequeño hueco que ocupan las grandes personas en nuestra vida tiene un por qué, pero no lo diré, cada uno que haga sus cabalas, aunque aquella persona si lo sabrá.
Esa persona de la que en particular hablo no ha compartido conmigo mucho tiempo vital, pero ha sido aquella de las pocas que ha sabido entenderme, escucharme y guardarme los secretos. Es como uno de esos seres dulces y mágicos que aparecen así por que sí. No puedo decir que sea mi mejor amiga (cosa que tampoco tengo), pero si es ese tipo de amiga a la que acudes cuando se te rompe una cámara digital, tienes problemas con tus padres o no sabes que hacer en determinada cita. A pesar de la distancia espero que ella también recuerde muchas de las tardes que hablábamos y dejábamos escapar lo que pensábamos sin ningún temor a que el otro se asustara. En aquel momento fuimos nosotros mismos, sin conservantes ni colorantes. Siempre pensé de ella que era una dulce y alocada chica, un caramelo dulce relleno de ácido, pues una vez abierta podrías encontrar dentro de ella miles de cosas. Ella me explicaba todo aquello que sentía, lo que pasaba por su alocada cabeza y lo que su descentrado cuerpo hacía. Siempre me gustó su naturalidad. A veces debía forzarla a ser ella misma, a rasgarse las vestiduras, a explotar esa dulce capa de la que estaba atrapada. Fue una chica especial. Ella sabe que intenté estar para ella todo lo que pude y que entendí, en su contexto, todo lo que ella me explicaba. Ahora estudia lejos de aquí y yo, con todo mi corazón le deseo a la mayor suerte para que aquella linda niña que conocí sea la mas bella princesa.
Lo que me llama realmente la atención y merece al menos una pequeña mención son las personas que nos "marcan". Hay dos tipos de marcas: las "marcas" son aquellos gestos o situaciones que hacen que tengamos un juicio positivo de aquella persona. Por ello decimos que "las personas nos marcan". El otro tipo de marcas son las que te deja la mujer-gato cuando te araña. Alguien lo entenderá.
Tenía que hablar de la felicidad que nos estimula que un grupo de seres, aunque sea reducido, nos marque nuestro pequeño corazón de forma especial.
El hecho de que yo escriba hoy sobre el pequeño hueco que ocupan las grandes personas en nuestra vida tiene un por qué, pero no lo diré, cada uno que haga sus cabalas, aunque aquella persona si lo sabrá.
Esa persona de la que en particular hablo no ha compartido conmigo mucho tiempo vital, pero ha sido aquella de las pocas que ha sabido entenderme, escucharme y guardarme los secretos. Es como uno de esos seres dulces y mágicos que aparecen así por que sí. No puedo decir que sea mi mejor amiga (cosa que tampoco tengo), pero si es ese tipo de amiga a la que acudes cuando se te rompe una cámara digital, tienes problemas con tus padres o no sabes que hacer en determinada cita. A pesar de la distancia espero que ella también recuerde muchas de las tardes que hablábamos y dejábamos escapar lo que pensábamos sin ningún temor a que el otro se asustara. En aquel momento fuimos nosotros mismos, sin conservantes ni colorantes. Siempre pensé de ella que era una dulce y alocada chica, un caramelo dulce relleno de ácido, pues una vez abierta podrías encontrar dentro de ella miles de cosas. Ella me explicaba todo aquello que sentía, lo que pasaba por su alocada cabeza y lo que su descentrado cuerpo hacía. Siempre me gustó su naturalidad. A veces debía forzarla a ser ella misma, a rasgarse las vestiduras, a explotar esa dulce capa de la que estaba atrapada. Fue una chica especial. Ella sabe que intenté estar para ella todo lo que pude y que entendí, en su contexto, todo lo que ella me explicaba. Ahora estudia lejos de aquí y yo, con todo mi corazón le deseo a la mayor suerte para que aquella linda niña que conocí sea la mas bella princesa.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Despedida de un muerto poeta
Y antes...
Juramos a los mil inviernos,
Sin olvidarnos de primaveras.
Juramos no volver a escondernos,
Juré no separarme de tus piernas.
Creí ser el agua que cubría tus parpados
de aquellas noches infinitas de luna llena.
Creía ser mancha que cubría tus mejillas
y solo fui hueco, que llamabas harapos.
Manchas canelitas que fueron cayena,
Universo eterno sin tus estrellas.
Y ahora...
Vacío y barro es mi cuerpo,
allá donde ahondan mis penas.
No hay ropas con su olor,
pero tampoco quedan poemas.
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