Y sigo pensando en aquellos recuerdos, los que acompañan a tu voz subtitulada con palabras e impresiones. Doler la piel y sangrarte cada gota. Y como arpegios estelares viene a mi mente aquella bossanova que te cantaba cada noche, mientras te hacías la dormida, mientras te tenía entre mis brazos. Aprieto aquel vidrio que contienen mis manos, frío, ajeno a mi cuerpo, como si nos separaran universos interestelares. Vuelvo a darle un nuevo trago y a secarme aquellas lagrimas que me surcan por la cara. Siento como el calor de aquella bebida me hace indagar, me lleva a mis entrañas; una vez allí, nado tranquilo. Un estado de furia interna, apenas exteriorizado por un leve movimiento de ceja, casi imperceptible, me consumió. Entonces me pregunté qué fue aquello que me hizo ganar su atención, que hizo que nuestros ojos se hallaran en aquella solitaria noche de Diciembre: El tiempo.
Todo es el tiempo que dedicas. Somos tiempo, el tiempo que duramos, que somos útiles... La cantidad de tiempo de algo se traduce a dinero. Nuestro cuerpo nos marca con el tiempo. Nos delatan las arrugas, el exceso de tiempo en este mundo. Nos delatan las marcas de afecto en cuellos y demás zonas intimas, tiempo que fuimos felices. También hablan las marcas de nuestros excesos, mal tiempo, tiempo que no valoramos como tiempo. Y aquel beso, aquel hermoso beso con el que ella se comió mis labios, cuando todo se redujo a dos cuerpos que se intentaban hacer uno. Ahí fue cuando el tiempo, realmente, dejó de existir. Ella era aquello que hacía mi mundo mágico, pues controlaba mi tiempo, lo manejaba a su antojo, aunque nos daba igual que horas fueran para hacernos arrumacos. Cuando nos íbamos a dar cuenta, ese tiempo había volado y había amanecido. Pero al fin el tiempo nos jugó la mala pasada de separarnos; solo me la dejó en recuerdos, en un pasado. La arrebató de mi hoy, de mi tiempo presente, que era de cada día, mi regalo.
Y ahora absurdo e incomodo sigo sintiendo caer ese tiempo por mis orejas, como lo trago junto a este vino. Y si la viera le diría que cada día la siento mas cerca, que es mi musa, que vayamos de la mano a matar el tiempo con cada uno de los besos que hacía cortar hasta el aliento, que amanezca como aquel sábado, mientras las persianas tapaban aquellos primeros claros.
martes, 19 de marzo de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
Regresa
Y me dio por pensar, por dejar libres aquellos pájaros que tenía encerrados en mi jaula, en mi mente. Los dejé libres, volar por muchos segundos. Un petirrojo me miró y me dijo que por muchos pensamientos volátiles tenga en mi cabeza, que sus alas serían mis alas en un mañana.
Entonces todo se volvió turbo, todo quedó en una soledad, en un silencio estremecedor. Fue el lugar de mi cerebro, aquella orquesta improvisada compuesta por músicos callejeros vestidos de traje, donde me quedé como un espectador de mi propia existencia. Allí no existían acordes, sino pasión, no existían escalas sino la dulce melodía que me cautivaba y me hacía algunas veces quedarme en babia. Y con redobles de timbales, con la frotación intensa de aquellos violines, con la suavidad del viento... Entonces de la melodía naciste tú. Hacía unos años que te perdí. No era tu renacimiento, pues naciste nueva, pura. Naciste de aquellos versos desesperados, naciste de mi mente, de mis recuerdos, de mi alma, de mi cuerpo. Naciste en un día, para quedarte conmigo toda la noche. Aún así no sentimos el frío helador del previo mes de Enero. Solo pudimos sentirnos y cuidarnos, como si no nos importara ser desconocidos recordados, como si quisiéramos ser amantes, ser sed del amor, ser, de nuestro calor, enamorados.
Y cada luna de ausencias, cada mar de estrellas, cada ola de sentimiento me hablan de ti... No es por pedirte, ni por ser un entusiasta romántico, pero muéstrate cada noche en tu balcón para poder admirarte.
O sino las lunas seguirán siendo ausentes, las estrellas vendrán a mares y las olas me ahogaran solitariamente, mientras contemplo cada noche mi cama vacía, desnuda de ti.
Entonces todo se volvió turbo, todo quedó en una soledad, en un silencio estremecedor. Fue el lugar de mi cerebro, aquella orquesta improvisada compuesta por músicos callejeros vestidos de traje, donde me quedé como un espectador de mi propia existencia. Allí no existían acordes, sino pasión, no existían escalas sino la dulce melodía que me cautivaba y me hacía algunas veces quedarme en babia. Y con redobles de timbales, con la frotación intensa de aquellos violines, con la suavidad del viento... Entonces de la melodía naciste tú. Hacía unos años que te perdí. No era tu renacimiento, pues naciste nueva, pura. Naciste de aquellos versos desesperados, naciste de mi mente, de mis recuerdos, de mi alma, de mi cuerpo. Naciste en un día, para quedarte conmigo toda la noche. Aún así no sentimos el frío helador del previo mes de Enero. Solo pudimos sentirnos y cuidarnos, como si no nos importara ser desconocidos recordados, como si quisiéramos ser amantes, ser sed del amor, ser, de nuestro calor, enamorados.
Y cada luna de ausencias, cada mar de estrellas, cada ola de sentimiento me hablan de ti... No es por pedirte, ni por ser un entusiasta romántico, pero muéstrate cada noche en tu balcón para poder admirarte.
O sino las lunas seguirán siendo ausentes, las estrellas vendrán a mares y las olas me ahogaran solitariamente, mientras contemplo cada noche mi cama vacía, desnuda de ti.
domingo, 10 de marzo de 2013
Pensamientos
Aunque nos hayan separado cantidades ingentes de casualidades incausadas, modificandonos a ambos en espacio y en tiempo al antojo del sino, y en aquellos caminos perdidos de locuras extravagantes haya podido tropezarme con algún que otro bosque afrutado, siento que al volver a ti soy alguien nuevo, alguien que no es parte de sí, sino de ti, que ya nos conocíamos desde hace tiempo. No te pido ni excusas, ni drogas, ni que nuestros oídos queden encajados en la máquina artificial que nos mantiene vivos, aunque me gustaría, pero no es lo que pido.
Después de sufrir lo vivido y con cierto aire de perspectivismo subjetivado me doy cuenta de que no está roto aquello que observo, sino que aplazo las conclusiones de manera inevitable, todas juntas, para el día que decida inmolarme, para aquel día en el que decida reconocer que el que está roto soy yo.
Y quedarme en casa, y volver a clavarme un puñal en el pecho, de los que se acomodan suavemente, de aquellos que te calientan y te hacen decir cosas, aquellos que te espantan a las personas cuando saben que ese puñal está clavado en tu corazón. Pero habrá que mirar temporalmente para otro lado, que el niño que llevan dentro les explote el alma, o te hagan explotar a ti..
Después de sufrir lo vivido y con cierto aire de perspectivismo subjetivado me doy cuenta de que no está roto aquello que observo, sino que aplazo las conclusiones de manera inevitable, todas juntas, para el día que decida inmolarme, para aquel día en el que decida reconocer que el que está roto soy yo.
Y quedarme en casa, y volver a clavarme un puñal en el pecho, de los que se acomodan suavemente, de aquellos que te calientan y te hacen decir cosas, aquellos que te espantan a las personas cuando saben que ese puñal está clavado en tu corazón. Pero habrá que mirar temporalmente para otro lado, que el niño que llevan dentro les explote el alma, o te hagan explotar a ti..
viernes, 8 de marzo de 2013
Para mi Rubia.
A veces es difícil concentrar todo lo vivido, todo aquello que en una vida te ha marcado, todo lo que te ha sido importante, relevante y trascendental. Llevo en mente algunos días haber escrito las palabras que hoy publico, pero debo decir que tras tanto pensar en lo importante de la vida, en esos pequeños detalles que nos hacen estar vivos puedo decir que hoy lo has sido tú uno de ellos.
Casualidades que nos marcan, aún sin nosotros ser conscientes de ello. Tu fuiste una de ellas, una de esas rubias estrellas de pelo corto y uñas largas. Sin saberlo, juntos crecimos, anécdotas vivimos y de las cuales nos acordamos. Pronto empezamos a coincidir, en ser obreros de la misma mies. Y a día de hoy aún trabajamos juntos por hacer certera la felicidad, por hacer que otros sientan aquello que nosotros sentimos algún día entre literas y camas pintadas, entre refrigerios y extrañas pizzas. Tú ya me entiendes.
Poco a poco empezamos a construirnos por nuestro lado como personas, a ser mas que monos, humanos. Aún no sabía cuanto peso podía dejar caer entre nosotros, aunque algún roce de verano me demostró que no eras una de las que te sonríe hoy y mañana ni te mira. No recuerdo muchos de nuestros tensos momentos, pues siempre hemos sabido llevarnos, en unas medidas, lo mejor posible.
Es cierto que odio algunas de las estupideces que la gente, aleatoriamente, suele hacer, pero he de reconocer que tu sonrisa estúpida a veces es uno de los pocos ánimos gratuitos que recibo. Te veo y admiro aquella fuerza interior que sacas cuando aquello que haces se pone cuesta arriba. Tu animo ferroso, tu generosidad desmedida ante las cañas del López bar que pagas cuando carezco de posibles, y que reembolso del mismo modo altruistamente, sin saber si debes o debo. Me da igual si es una amistad desmedida, si un día doy mas de aquello que puedes darme tu en toda tu vida, pues confío en que algún día vendrás con sonrisa alargada, con tu vida que, trasegada, te hace seguir viva y me dirás: "Sergio cuéntame algo".
Casualidades que nos marcan, aún sin nosotros ser conscientes de ello. Tu fuiste una de ellas, una de esas rubias estrellas de pelo corto y uñas largas. Sin saberlo, juntos crecimos, anécdotas vivimos y de las cuales nos acordamos. Pronto empezamos a coincidir, en ser obreros de la misma mies. Y a día de hoy aún trabajamos juntos por hacer certera la felicidad, por hacer que otros sientan aquello que nosotros sentimos algún día entre literas y camas pintadas, entre refrigerios y extrañas pizzas. Tú ya me entiendes.
Poco a poco empezamos a construirnos por nuestro lado como personas, a ser mas que monos, humanos. Aún no sabía cuanto peso podía dejar caer entre nosotros, aunque algún roce de verano me demostró que no eras una de las que te sonríe hoy y mañana ni te mira. No recuerdo muchos de nuestros tensos momentos, pues siempre hemos sabido llevarnos, en unas medidas, lo mejor posible.
Es cierto que odio algunas de las estupideces que la gente, aleatoriamente, suele hacer, pero he de reconocer que tu sonrisa estúpida a veces es uno de los pocos ánimos gratuitos que recibo. Te veo y admiro aquella fuerza interior que sacas cuando aquello que haces se pone cuesta arriba. Tu animo ferroso, tu generosidad desmedida ante las cañas del López bar que pagas cuando carezco de posibles, y que reembolso del mismo modo altruistamente, sin saber si debes o debo. Me da igual si es una amistad desmedida, si un día doy mas de aquello que puedes darme tu en toda tu vida, pues confío en que algún día vendrás con sonrisa alargada, con tu vida que, trasegada, te hace seguir viva y me dirás: "Sergio cuéntame algo".
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)