viernes, 27 de diciembre de 2013

Hoy he visto tus ropas desvanecerse. Caían impasibles, tropezaban hirientes ante el paso del tiempo. Tu cuerpo, envejecido y arrugado, moría a cada instante, rematado por tus cadenas. Y la puerta cerrada partiendo mis narices.

Hoy he visto el miedo con el que me miras. Mi raza despreciable te ha tocado. Siento ser lo que soy por como te tratan. Y aún así no te pido perdón por lo que hacen contigo. Yo soy tu tope cuando estas hasta el cuello. Úsame y mataré por ti, lo prometo.

Hoy he visto la triste música que tocas, la que te hace desvanecerte por los pasillos de tu casa, con la que deambulas y golpeas tu cuerpo. Música deprimente para mis oídos. Maltratos, celos, asco, ruido...

Hoy he visto las manchas de la sangre tintando tu piel. Todo fue confuso pero... ¿Por que te recluías? ¿Era acaso de mí de quien huías?

Hoy he visto a la muerte cerca de ti, en las escaleras. Y tú la puerta le abrías. Espero que que esta vez no te quieran.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Inocencia pérfida

No sé si la rojez de tus pezones desnudos bajo un manto de estrellas, helados de frío, beben de la misma agua que las imágenes robadas de la inocencia de las niñas que, alegremente, corretean por calles, por las plazas. La inocencia perdida. En que punto es lícito el sexo y por qué no lloramos cuando nos hemos desnudado erróneamente. Y es en la tumba donde quedará la intimidad de nuestra carne, muerta. Nacemos sin costra, nos pegan la envoltura. Luego llegan la madurez, la caída de las ropas, el punto de incidencia donde el reflexionar queda mas que fuera de lugar. Pero un día pensarás que ya es tarde y que se descubrieron temprano tus secretos. La visión platónica de tus sinuosas curvas, por las que me perdía. Eres el silencio que dejas en tus lagunas, aunque creíste que los remolinos de palabras crecían en las cabezas de los hombres. Lo que nos hace humanos. Abundantes montañas de pelo, profundos perfumes que decoran las uñas tras el acicalamiento. Y esa tos, la angustia reprimida por el morbo. El sentirte niña sucia, mancillada. El liberarte y descubrir algo nuevo. La locura, tu gesto sonriente mientras las tintas de latex y cuero adornan tu cintura.

martes, 29 de octubre de 2013

Bloq.

Miradas, que vacías desnudan el alma, que cantan en el anhelo. Estados vegetales: pared, techo, calma; te fumo tirado en el suelo.

Opacos los cristales en mis ojos, brillantes todos tus cabellos. Y no puedo huir de ti, no puedo salir de ti, escapar de ti, morir en ti... Eterna pena, que sin pena alguna vives en la vida, mi condena.
Sentidos puestos en nuestro balón de plata, que contiene el mejor caldo.

Ráfagas de velas nos avasallan por un monte de sillones reclinables. Uno de los pomos tiembla mientras me acurruco solo en mi cuarto. Tiempo, será el tiempo ¿eres tú?

sábado, 12 de octubre de 2013

Escuadra y cartabon

Solo en tu razonamiento erótico se desgranan las curvas que hacen la poesía en tu cuerpo. En tu ombligo, en el punto de tu interrogación, en el recóndito hueco que se encuentran las formulas de la felicidad, nos desnudamos en los ecos y nos resbalan las reverberaciones. Y en cada parpadeo de profuso incendio nos abrasamos sin decirnos adiós. Y en los salones nos encontramos. Fluyes y te quedas, no te alejas, permaneces. Has matado a ese monstruo por mi.

Gritar al tiempo y al olvido, dejarte estas migajas, alimentarnos.

Ábreme y...

Ábreme el pecho y registra que mi familia no nace de un puro sentimiento, que la cercanía de los que me entiende me deja solo en el desierto. Ábreme el pecho y admira como puedo vivir solo con los órganos interiores sin necesidad de afecto, ternura y cariño, la borrachera de las razones. Ábreme el alma y consiente que tu te cagaste dentro, que el ser inmutable no es la idea estable de las desvarianzas de mis estados. Ábreme el abrigo y atraca, sabiendo que en el amor mas profundo existe el egoísmo de un ser que renuncia a morir solo.

Cierra la puerta y siéntate si aun el hedor de mi boca no te ha echado.

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Qué nos cabe esperar?

Es la pregunta que me hago cuando me hallo en un decepción. Y volvemos a caer, a tropezar en las piedras de la vida y del camino. ¿Somos ilusos por creer en la respuesta del otro? ¿O somos merecedores de eso que esperamos y mucho mas? No somos mas que una panda de ilusos y egoístas en la misma medida. Una raza sarnosa y carroñera que solo idealiza su vida sin detenerse a pensar si realmente damos eso, mas, menos o nada.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Dime que no fue verdad

Que en aquella tarde de Agosto, donde amargos quedaban los posos residuales de mi café de costumbre en la terraza del bar, te fuiste. Yo, inconsciente a toda eventualidad que pudiera afectar a "lo nuestro" no sentía el mas mínimo resquemor mientras que en tus uñas se quedaba incrustado el yeso. Yo en la inopia y tu en el dualismo feroz de la duda entre tradición y novedad. Mientras que nos ahogabas con tus dudas de tu naturaleza propia, me gritas, me inculpas, me odias, me escupes...

martes, 17 de septiembre de 2013

Amanita fibrosa

No sabía nada de ti. Empecé a conocerte, como caída de mundos raros y extraños. Fue con algún que otro café, asignaturas comunes y unas pocas charlas por los pasillos cuando supe de tu voz y de tus uñas. Una chica tímida, pálida pero bastante simpática me pareciste al principio.
El tiempo empezó a juntarnos con algunas excusas, trabajos, planes y cenas. Hablábamos del tiempo, de clase, de los viajes y con un poco mas de confianza, de los amores. Yo te contaba mis aventuras inmorales y tu tus deseos carnales hacia aquella eminencia barbuda. En la casa suiza comenzamos a grabarnos en nuestros primeros cortos de locura, amor y poesía. Más tarde llegaron los de película.
¿Cuánto habremos recordado aquellas noches en las que juntos trabajábamos o bebíamos? El montaje de los vídeos, la noche difusa por la playa llena de arena, hasta en los calcetines, o cuando anochecidos por los dragones volvíamos a casa. Aun quedan cercanas, al alcance de los dedos, las tardes en la que las violetas volaban por nuestras bocas y renacían en las arrugas de nuestros ojos. Con ellas liberábamos tensiones, relatos de las pasiones mas arrinconadas y sobre todo, mientras mirábamos el techo, sonaba la música a nuestros oídos. No fue ni la distancia ni el tiempo excusas para dejar de vernos, pues, aunque mermada, siempre tenemos el vicio de quedar para volver a violarnos la mente y, últimamente, los pulmones y la imaginación.

Ahora me preguntas que pienso de ti, pues no tengo una respuesta clara, has sido una oruga en mis manos que la vi vestirse de mariposa. Te vi volar, te vi planear y vagar por mundos ajenos a estos. Pero también sé que volviste y me constaste de aquellos parajes, de trajiste el souvenir de la risa y me aseguraste que aquello no había quedado ahí, que volverías. En este tiempo en el que llevamos de rodaje me he dado cuenta que contigo puedo ser el actor mas bizarro, pues la premisa mayor es que seamos amigos para cuidarnos y que lo que hagamos nunca perjudica al prójimo, que, si queremos vivir miles de batallas jamás nos culparán por los heridos que dejemos, sino que volveremos al hogar, una vez mas, y nos sentaremos a escuchar los miles de relatos que nos apasionan escuchar.


http://www.youtube.com/watch?v=v5hTFXe9_6c


sábado, 14 de septiembre de 2013

Tú (r)

No entiendo, desde lo que somos, nuestros mecanismos. Puedo desnudarte la mente cada vez que nos encontramos, pues no juzgamos nuestros actos externos, solo nos aconsejamos y desde la lejanía nos queremos. Existe la barrera del físico que, según mi teoría platónica no cruzaremos hasta que seamos dos personas mayores dispuestos a viajar juntos lo que nos queda de vida, pues ambos estamos de acuerdo que nuestra convivencia sería apacible, como una balsa de aceite. Te veo como el duende invisible, mi mundo fuera de este mundo donde hablar, reír o discutir. Voz de sabiduría en cada palabra, consejo con el corazón escrito, carácter, humor, paradojas, eres un accidente cartesiano en cuanto a una idea, la mejor de las cosas. Desprendes la cultura que encierras, sin perder tu místico atractivo de chica intelectual de biblioteca. Me resultas, a veces, irónica, pues tan correcta y excelente y, cuando escapas en tus sábados de desmadre y desenfreno, pierdes tus lentes. Una cara de criatura tierna con sus ocultos vicios. No te culpo. Yo también los tengo y te los cuento cuando te necesito. Esto es como aquella historia de un hombre que esperó cincuenta años al amor de su vida, que vivió en lascivia mientras su alma suspiraba por saber cuando la tendría. Pasaron los años y cuando el fin de sus días estaba próximo, se encontró en un río sujetando su mano. Esta, por el contrario, no es una historia de amor en la que esperamos la pasión de la juventud, sino la calma de la vejez, de la brisa rozando nuestros cabellos encanecidos y plateados por el sol, mientras nuestros segundos se consumen entre palabras y las caricias de la convivencia.

viernes, 30 de agosto de 2013

Muerte en los célebres

“¡Mátame o de lo contrario serás un asesino!”

“Incluso en el valle de las sombras de la muerte, dos y dos no son seis”

“Critón, le debemos un gallo a Asclepio. No te olvides de pagárselo”

“Ocho horas con fiebre… ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!”

“LSD: 100 microgramos intramuscular”

“Hace mucho que no tomo champán”

“¡Vamos, fuera! ¡Las últimas palabras son para estúpidos que no han dicho lo suficiente mientras vivían!”

martes, 27 de agosto de 2013

Mi presente y lo que le doy a cada día

MI PRESENTE

Actualmente mi presente físico se resume en horas de estudio, horas de sueño, comida, breves charlas banales y escasos momentos de felicidad puntual. Mi presente mental se divide entre el presente real, lo que pienso inmediatamente: preocupaciones por los horarios, los tiempos, la prisa y la brevedad del propio presente real, y el presente futuro. El presente futuro lo definiría como el precipicio que separa a ambos. Allí están mis continuas divagaciones sobre el "ego" del futuro. Comienzos y fines de procesos mentales, analíticos, sociales y sobre todo el comienzo en algunas instituciones. Una pregunta que podría asaltarnos es: Sabiendo que el presente está en continuo cambio y que no podemos tocarlo... ¿Nos podemos sentir perseguidos de alguna forma por él?

LO QUE LE DOY A CADA DÍA

Lo que pienso que le doy a cada día es una mezcla de mi presente físico y un sentimiento de culpabilidad persecutoria. Parece que cada vez que me paro a pensar en la trascendencia, importancia o realidad de mis actos, me desvinculo totalmente de la meta a la que quiero llegar, como si el camino que hubiera tomado fuera justamente el opuesto. En algunos espejismos de positivismo ilógico me encuentro contento y feliz pensando que todo saldrá bien y que la magia misteriosa me salvará el pellejo en esta ocasión. La culpabilidad es arrolladora. Aprovecha estos momentos de tranquilidad para susurrarte que sigue ahí, que aún no se ha ido y que el tiempo que necesitas para solucionarte la papeleta sigue corriendo. Pero no me doy prisa. No sé por qué pero no me doy prisa. Dudo si es por el cansancio, desgana o ese pre-existencialismo del que algún día he hablado. Solo espero que me deje en paz esa manía persecutoria.


Y va por ti...


lunes, 19 de agosto de 2013

La noche de las estrellas

Hoy tu desnudez fue la gota que calma al vaso.
Culpa de las secas bocas que anteanoche no dejaron de tragar.
Fueron nuestros cuerpos los que, yacidos, contemplaron el ocaso,
y recuerdo que aun en tus ojos veíamos el mar.

Tus manos libertinas y pendencieras, traviesas en todos los sentidos,
vinieron a la puerta de mi cuerpo, acariciaron mis oídos,
prometieron una noche larga, me gritaban: hazme lo que tú quieras.

Vuelvo a tu fe, vuelvo a tus brazos. Átame con ese hilo transparente,
con el solo tú puedes sostenerme. Bendame los ojos para que no pueda verte
mientras arañas mi espalda a trazos, mientras que por tu bosque deseo perderme.






















sábado, 10 de agosto de 2013

Un café corto, largo...

VERTE. Sentir la acción de biografiar cada cosa de tu vida. El vivir de forma teórica tus hazañas. Y al ver tu cuerpo no sentir que te haya visto desnuda, por que mirar tus ojos me hace sentir que eres la hija de la razón, que tus palabras tienen censura y que en tu razonada locura no tengo sitio para el amor. Eres la gota que arde y el fuego que moja, eres el torbellino de ideas que hace tiempo te dije, que un día aquí y otro día ya no estas, vienes hoy y mañana te vas. Eres piedra, eres sal, rosa, fuego, hierba, mar, eres hermosa, eres puro ego. Eres la duda platónica entre imagen y concepto. Eres el campo límpido, el caminito de arena por el que hacer mi trayecto. Pero umbro por la pena me pregunto ¿Dónde estoy yo en este proyecto? No se si he perdido el tren, si hay para mi algún posible vagón, mientras tanto me quedaré sentado, esperando, leyendo, a pie de suelo en esta estación...

viernes, 2 de agosto de 2013

Precipicio

Y te conviertes en el precipicio crepuscular.
Vuelves a ser la bruma de mis noches aterciopeladas
de estrellas, oscuridad y ginebra.
Vuelvo a ser el joven enamorado
que soñaba contigo a cada segundo.
Me resisto y te saboreo.
Volver a aquellos bellos años donde mi fantasía mas textual
era que me comas y punto,
que llegara la muerte y nos pillara, entre sabanas de amor, juntos;
el dejarnos caer por los campos del mundo
y observar desde todas partes las formas del cielo entre los juncos;
el llegar a nuestro hogar arrancarte de la rutina.
Ser de tu vida la droga, y tú, mi heroína.

domingo, 28 de julio de 2013

Historia del vicio

En el suelo tirado buscando la hierba.
Sudor y gotas por no tener quien le escriba.
Tú, en tu mar silente, sin rumbo, a la deriva...
y encontrarse enterrado en la mierda.

Ten los ojitos cerrados para que no me pierda,
yo con las raíces bien sujetas para que no me arranques.
Tú en el sueño de ser los enamorados de antes...
Y yo en tus pesadillas intentando despertarme.

Y cuando creo haber curado tus arañazos,
vuelves corriendo a los brazos de la nostalgia.
Crees que quiero pasar la vida en tu regazo...
No sabes que sigo con tu alergia.

Aún te extrañaras cuando nos matamos y te grito.
Aún te será raro que me visiten las excusas.
Aún se me hacen raras tus duchas.
Aún no soporto hablarte y que no sepas que te pido.

Y si no vuelves sabré que estas mejor donde te quedas.
Y si aún no sé nada de ti mejor, odio las esperas.
Y será que no vuelves por que ya no te hago falta en tus camas.
Me emborracho, apareces, te fumo, me desesperas.

Y en las noches mas oscuras con tus dedos me doy de bruces.
Cuando me emborrachas, entonces tus uñas me degüellan.
Entre sexo y amor nos acostamos cuando apagas mis luces,
Que, mientras nuestras almas se besan, nuestros cuerpos follan.

Y un silencio en una balada de clarinete me hace sonreír.
Una puerta medio abierta golpeando con su tintineo,
cavilo, recapacito, reflexiono, pienso, cuando pasa el tiempo
se alteran en nuestros pulmones el crepitar... de morir.

Taciturno, serio y agonizando dijo: No es tu fe lo que quiero.





















sábado, 20 de julio de 2013

Silogismos de la dureza

Y por pensar, me señalan por no ser como los demás, por nacer con un eje torcido.
No tengo donde huir, te abrazas al alcohol para sacar la cabeza fuera.
Y al hablar, crece mi índice de vulgaridad, me hacen no saber lo que digo.
A la calle me he mudado a vivir, donde el viento corre a mi alrededor y soy piedra.
Y por amar, me he chocado contra el cristal, de aquellos besos hoy soy su mendigo.
Estar en el rincón del pensamiento escondido, que si viene alguien, yo me arrullo.
Observar que crecen flores en la isla de Adán, que en mi vergel esta todo podrido.
De la flor conocer su nombre, por verme como un cabrón, se encierra en su capullo.

martes, 18 de junio de 2013

El reflejo en el espejo

Y olvidarme de tus prejuicios, de tus manías, de tu ropa
Mientras tu y yo, borrachos de amor, alzamos la copa
de aquél vino picado de todos los años pasados.

Al volver la vista al frente, encontrarme frente a tu espejo
desnudo. Sonrisa triste que llenas mis labios en el reflejo.
¿Qué pesada cruz me hace yacer desnudo en el paso de los años?

Y tu tez, por el sol iluminada sonríe por si sola, alisada, enrarecida.
Llegas cual fruta fresca y la sed de mi boca y calmas con sabor a nada.
Dulzor descorazonado, tengo tu hiel en mis labios.

Muerte aliada, realidad continuada, líbrame de aquesta vida que detesto,
pues a amor muerto, muerto y enterrado, jamas tendría que curarlo, ni
intentar resucitar su esmirriado espectro. Llévame con la noche al final del día.

jueves, 13 de junio de 2013

Volver a empezar.


Sus grandes ojos color azabache y el sabor de aquella amarga mañana expresaban el sentimiento más confuso en aquella despedida. Jasmine, habitante de un pequeño pueblo de Marruecos vivía en esos momentos una profunda pena por dejar en aquel momento su hermosa tierra temporalmente. Su lugar de residencia para aquel tiempo sería Granada. Viajaría a España, siendo acogida por otra familia. Jasmine era una joven entusiasmada por la Filosofía, pues estaba estudiando apenas un año y cada día estaba más enamorada. A pesar de sus ímpetus por descubrir un mundo nuevo, en ella se ocultaba un cierto temor por saber que le depararía en España o en que tipo de casa viviría aquellos días. ¿Sería una familia numerosa? ¿Viviría con una mujer anciana? ¿O pararía en una casa de jóvenes estudiantes? Todo era confuso en su pequeña cabecita. Llega el momento de partir y un nudo ata su estomago y su corazón. Mientras sus ojos, cual río, desemboca un mar de lágrimas que su madre limpia con cuidado y acaricia su tez morena.

Jasmine no sabe si está preparada para aquella aventura, pues viene de Asilah, un pueblo profundo, demasiado costumbrista y algo cerrado, pues ella misma lo reconoce. Tuvo mucha suerte, pues cayó en una familia tradicional, fue hija única, por lo que también fue el objeto de toda atención en casa. Sus padres, atraídos por las ideas innovadoras de occidente, siempre apoyaron en todo lo que pudieron y se cercioraron de que su futuro fuera prospero. A veces se sentía privilegiada debido a su posición con respecto a sus amigas. Las veces que ellas venían a su casa a tomar té le contaban en lo que empleaban el día: hacían comidas para sus maridos o padres, se ocupaban de todas las tareas de la casa y cuidaban de los más pequeños. A pesar de todo en su boca siempre brillaba una sonrisa, pues se sentían poderosas. Ellas eran respaldo de su marido y el gran pilar donde se apoyaba la casa. Sin embargo Jasmine pensaba diferente, ella quería volar, ser libre, sentir el aire en sus mejillas color canela.

Pero pronto volvió en sí y recuperó la visión de su madre, una bella mujer de quien heredó aquellos hermosos ojos azabaches. Un poco más atrás estaba su padre con aire pensativo. Era un hombre serio y de grandes dimensiones. Su cara se veía poblada por un gran bigote. Gracias a su padre ella era una de las pocas niñas que aprendió a leer con prematura edad. Dejó en su hija todos los conocimientos posibles, que él había aprendido en los libros. Las tardes se las pasaban charlando de literatura, filosofía, geografía, cultura o de cualquier trivialidad que se les ocurría. Gracias a él conoció a Averroes, Avicena, Platón, Cervantes, Shakespeare, Lorca, Moliére... Y una infinidad de libros y autores que poblaron sus noches de lectura.

Ahora solo quedaba colocar su maleta en la estantería de su compartimento de bus. Ella seguía mirando a su familia mientras el cristal del autobús se empañaba del calor que desprendían sus grandes ojos, humedecidos por las lágrimas. El vehículo arrancó, y con ello arrancó un trocito de corazón de Jasmine, junto con la tristeza, la hicieron sumirse en un profundo sueño.

Despertó con el ajetreo de los equipajes. Cuando entreabrió los ojos pudo ver que su maleta estaba en el lugar que la había dejado. La gente bajaba para montarse en el barco que los llevaría a la península. Jasmine estaba algo resentida de la espalda, pues el viaje no había sido muy como, aunque habría dormido casi todo el trayecto.

La llegada a la península y el cruce de la aduana se le hizo interminable, pues el cansancio y la incomodidad del transporte aumentaban su ansiedad por llegar. El autobús que la llevaría a Granada era más confortable y  tenía un toque de ambientador pino. Se dejó caer en su asiento y sin apenas ganas observaba el paisaje del país vecino.

Cuando despertó sintió que el autobús estaba totalmente parado y un ruido comenzaba a poblar su interior. Ya habían llegado a la parada. Al fin, después de tanta desidia, había llegado la hora de estirar las piernas y dejar definitivamente el transporte. Bajó con los oídos taponados y contempló una estación oscura donde se apilaban una veintena de vehículos. Pronto buscó la salida de aquél lúgubre lugar. Tras pasar unos cuantos pasillos, algunas tiendas de libros y escaleras mecánicas, encontró la salida. Un sinfín de coches, taxi y más autobuses se abarrotaban en la puerta. Pronto pudo ver a una chica joven que sujetaba un cartel con su nombre en letras mayúsculas: JASMINE.
Se acercó temerosa y la saludó.
- Hola, soy María. Tú debes ser Jasmine ¿No? – dijo con voz viva pero cautelosa.
- Si. – dijo secamente, pues se ruborizó de pies a cabeza y la vergüenza se apoderó de su cuerpo.
- Pues vamos que el taxi nos está esperando.
Sin mucho más que añadir ambas chicas fueron a un taxi de los que abarrotaban el lugar y partieron rumbo a casa de María. Mientras, hablaban trivialmente, pues Jasmine había dedicado parte de sus tardes a aprender un poco de español para que fuera más fácil la comunicación en su viaje. María era una chica joven y esbelta, de unos 29 años aproximadamente, según pudo deducir. Jasmine quedaba asombrada por toda la cantidad de arte que poblaba cada una de las calles. Su padre ya se habría encargado hace años de darle algunas nociones sobre el arte en el periodo de Al- Andalus. Pero a pesar de ello comenzaba a emocionarse por cada nuevo edificio.
- Eso es el exterior de la catedral, pero tranquila que vendremos uno de estos días.
- Es grande – acertó a pronunciar.

El taxi se detuvo y bajaron a un paseo bastante ancho, “El paseo de la Bomba” le dijo María. Tras subir una empinada cuesta y cargar con las pesadas maletas, llegaron al hogar. Era una casa pequeña pero muy acogedora. Al entrar había un salón con dos sofás y una mesa con cuatro sillas, una televisión y un mueble-bar. Atravesando el salón se encontró con dos puertas, una llevaba a la cocina y la otra a unas escaleras. María le indicó que debían subirlas, pues allí estaría su habitación. Fueron catorce infernales escalones a los que sobrevivió. De nuevo se encontró con tres puertas: dos habitaciones y un cuarto de baño. María le indicó cual sería su estancia. Al entrar vio un bonito tapiz con un elefante color azul, del cual quedó totalmente prendada. Depositó las maletas en el suelo y se tiró en la cama mirando al techo. Sus ideas eran confusas y estaba algo aterrada. Recordó a su familia. Pensó en su madre y algunas lágrimas aparecieron en sus ojos.
- ¿Se puede? – María asomó por la puerta pasados unos minutos y se sentó en la cama con Jasmine. Ella no la entendió muy bien. Traía en las manos una bandeja plateada con una tetera y dos vasitos.
María sirvió el té y le ofreció un vaso.
- Gracias. – respondió tímidamente.
Cuando Jasmine probó aquel té su cara cambió totalmente y se trasladó a las magistrales clases de su padre cuando ella aún era pequeña. En su casa nunca faltaba el té. Aún así su sabor le trajo también un poco de decepción, pues no era un té muy sabroso.
Ambas mujeres disfrutaron de una conversación interesante, dentro del entendimiento y lo que el idioma lo permitiera. Hablaron y se dieron a conocer: María era una chica muy liberal, abierta, trabajadora, le gustaba el rock, pasear, tomar té, y algo de lo que Jasmine se sorprendió: estaba locamente enamorada de Bécquer. Mientras Jasmine le contó su amor por la filosofía, su estilo de vida en Asilah, historias familiares y el profundo amor que sentía por su tierra, ahora lejana.
- Puedes ducharte ahora si quieres. Luego iremos a dar un paseo
- Vale.
Cuando Jasmine se había aseado y acicalado, partieron rumbo a la ciudad, pues el hambre apretaba ya. Eran las dos del mediodía y decidieron ir a tomar algo. María llevó a Jasmine hasta un lugar llamado la carrera del Darro, donde pasaba el río a escasos metros de la carretera. Próximo a él, encontraron una infinidad de tiendas de souvenir. También poblaba aquella calle la ingente cantidad de bares. Se leía en la puerta de un local: Bar Minotauro.
- Entraremos aquí. – Jasmine aceptó.
Habiendo entrado al bar y acomodándose al bullicio de dentro, María pidió dos cañas, a lo que Jasmine puso una extraña cara. Ella jamás había probado el alcohol, aunque su padre tampoco se lo negó nunca. Ella era responsable y decidió probar.
Trajeron un vaso largo con un líquido amarillento y con espuma. Jasmine no estaba muy familiarizada, pero cogió su caña y le dio el primer trago con decisión. Su cara fue demasiado expresiva, tanto que María estalló en una sonora risotada. Junto a las cañas, el camarero había dejado unos platos con sendos bocadillos.
- ¿Es para mi?
- Si, claro. Disfruta.
El bocadillo contenía un filete de carne de cerdo, lo cual hizo a Jasmine poner cara de asco y apartar el plato de inmediato. – Yo no puedo comer. Es cerdo.
María la miro y entonces calló en la cuenta.
- No pasa nada – le dijo- Ahora le pido al camarero que nos lo cambie.
Tras una charla de algún que otro minuto, el camarero accedió y les puso una fuente de ensalada entre alguna risa.
Apuraron sus cervezas, aunque Jasmine le costó dios y ayuda. Pidieron otra ronda, recordándole al camarero que mirara la carta a la hora de poner una tapa. Esta vez las cañas venían con una tortilla española. Jasmine pinchó un trozo y se lo llevo a la boca. Su cara se iluminó y devoró su tapa con fruición.
- ¿Te ha gustado, verdad?
- Mucho – dijo Jasmine entre risas.
Cuando llegaron a casa a las seis de la tarde, y habiéndose tomado unas cuantas rondas más, Jasmine pidió ir a su cuarto. No paraba de reír pero estaba muy mareada. La cerveza estaba haciendo de las suyas.

Tras unas cuantas horas en la cama y habiéndose recuperado del cansancio del viaje y del mareo de las cervezas, bajó por las escaleras mientras María estaba planchando. María la saludó y ella respondió. Se metió en la cocina y comenzó a trastear una tetera que había bajado de su habitación. Buscó algunos ingredientes en la cocina y la puso a hervir. Añadió algunas hierbas y apartó la tetera cuando estaba en su punto. Cogió dos vasos y los sirvió. Le llevó uno a María mientras ella probaba el suyo.
- Esto es de mi país.
- Muchas gracias.
Cuando probó aquel té, se reflejó en su cara una mueca de máximo placer. El té aquél era lo mas bueno que había probado jamás.
- Nunca he probado nada tan rico, es el mejor te del mundo.
Jasmine se sonreía.
- En mi país el té es la gran especialidad.
La plancha esperó durante un buen rato, pues ambas se sentaron en el sofá y comenzaron a hablar de nuevo. Esta vez lo hicieron de comida: mientras que María hablaba de carnes, pimienta, cerveza, patatas, vino y algún que otro postre, Jasmine le contaba la inmensidad de aromas que se podían encontrar: las calles parecían vestidas con color canela, mientras sus comidas mas típicas desprendían aquel olor a curry, el fuerte y agradable olor a henna en los mercados, la hierbabuena creciendo y dando aquel perfume mentolado, el jazmín en cada boda. Ambas se emocionaron.

Aquella semana iba a ser algo dura para Jasmine, pues debería adaptarse a los horarios de clase y a las actividades propuestas por su compañera. Su horario de estudio serían los siguientes:
A primera hora tendría clase de Filosofía Clásica. A segunda y tercera Textos griegos y latinos. Después tendría un descanso de media hora. Luego continuarían las clases de Filosofía Contemporánea, Política, y Ética.

El transcurso de la primera semana fue algo duro, pues traducir filosofía no era de lo más fácil, pero era gratificante. Caía muerta a la cama cada noche y dormía mucho, pero su ritmo se veía mas alterado por estar en aquella ciudad. María dejó de tregua una semana para que ella se acostumbrara a sus estudios, pero ella estaba deseosa de llevarla a ver los grandes rincones de arte que hacían de Granada una ciudad tan bella.

Cada mañana, antes de ir a las clases, Jasmine preparaba su té y dejaba algo más de un vaso para que María también lo degustara. Muchas tardes cogía un libro y se perdía por las calles estrechas mientras leía a Anaxímenes, Anaximandro o algún autor clásico que le hubiera interesado en clase, lo que a veces le costó media hora de vuelta a casa debido a su despiste y a su escasa orientación. También visitaba las famosas teterías, no por el te, si no por el ambiente de paz que encontraba en ellas, donde todo se volvía naranja y su tierra volvía a ella. Un pedacito de su corazón se quedaba en ellas cuando las abandonaba, pues aquel espacio era como su pequeño Marruecos. En ellas las lecturas filosóficas eran mucho más provechosas, pues entraba en contacto con el mundo en aquel rinconcito perdido…

- Hoy es el día – anunció María con una sonrisa de oreja a oreja. Había despertado a Jasmine. Era un sábado de mañana y ella quería seguir durmiendo pero la confianza que habían adquirido aquellas dos semanas que Jasmine estaba allí le daba pleno derecho a incitar a una pelea de almohadas.
- Tengo mucho sueño, déjame dormir más.
- En cinco minutos te quiero arriba.
Con mucho trabajo se levantó, fue al aseo y salió totalmente nueva tras una ducha de agua fría. Podía sentir el aire secando las gotas que aún quedaban en su cuerpo desnudo. Pero María no tendría mucha mas paciencia, por lo que decidió secarse y vestirse.
- Ponte ropa cómoda, vamos a andar.
Pronto se encaminaron por el paseo de la Bomba hasta el final de la calle. Pararon en una confitería artesanal y tomaron algunas delicias de dulces, aconsejados por María. Pronto fueron a una parada de autobús cercana y esperaron mientras terminaban de desayunar. El autobús de la línea trece hizo su aparición y se subieron a el. Jasmine iba intrigada, pues no sabían a que se enfrentaría ahora. Cuando bajaron, se enfrentaron a una cuesta y comenzaron a ver una larga cola de gente que esperaba en una entrada.
- Vamos a ver la Alhambra.
Los ojos se le iluminaron, pues su padre le había contado maravillas de aquel lugar. Sería como estar de nuevo en su casa, como volver a su Marruecos original, a ese sentimiento de unión.
Tras comprar las entradas, pasaron al jardín de la entrada. Un camino de piedra le marcaba el rumbo que debían seguir sus pies aquella maravillosa mañana de sábado.

La mañana en la Alhambra fue de lo mas bonito que Jasmine pudo vivir. Descubrió lo que era tener el arte de cerca. El sonido del agua que estaba presente en cada uno de los rincones. Las fuentes, el patio de los leones o incluso el palacio de Carlos V fueron sitios con una fuerza mística de la que no pudo ni retener las lágrimas en algunas ocasiones. Quedó entusiasmada cuando en una sala, estando cada una en una punta podían hablar en voz baja y sus palabras eran conducidas a través del techo y llegaban a sus oídos sin que nadie más pudiera oírlas. Quedó fascinada con las columnas, con cada uno de los mocárabes que colgaban del techo. También conoció a un hombre: Irving Washington, autor del libro: Tale´s of Alhambra.
- María este es un regalo para ti. – María se emocionó cuando Jasmine el entregó el libro de cuentos de la Alhambra – Es un regalo por haberme regalado este día tan bonito. – se abrazaron emotivamente mientras en el cielo se empezaban a formar algunas nubes.
- Creo que sería buena idea ir a algún sitio a resguardarnos de la lluvia.
Decidieron visitar el palacio de Carlos Quinto, donde había una exposición de arte religioso, donde también pudieron disfrutar.

La visita a la Alhambra llegaba a su fin, y con ella la tristeza de Jasmine por tener que abandonar aquel paisaje, que jamás olvidaría. En la salida ella se hizo una promesa: No descansaría hasta volver a este lugar de nuevo, pero lo haría con sus padres, pues no podía permitir que algo que ella sentía tan dentro, sus padres no tuviera la oportunidad de contemplarlo al menos una vez en su vida.

Pero María aún tenía mas cosas pensadas. Después de comer en el Borsalino, pasaron por el Monasterio Cartujo, donde los trampantojos le hicieron creer a Jasmine que había un altar, donde solo era una pintura plana. También visitaron la inmensa catedral, conde quedaron absorbidas por la monumentalidad de aquella construcción. Jasmine pudo abrazar  las columnas que sustentaban el techo.
La noche fue tranquila, pues durmió placidamente desde tempranas horas de la tarde, sin haber cenado.

Los días se sucedían con una rapidez abismal. Las clases ocupaban casi toda la semana, mientras que el fin de semana María le daba alguna sorpresa que otra. Visitaban el mirador de San Nicolás, quedaban mirando el cielo en el Jardín del príncipe, mientras los tunos ensayaban los clavelitos amorosos a sus oídos.

Los días sucesivos Jasmine se estaba haciendo a la idea: Era hora de volver. Tendría que volver a la tierra en la que había nacido, no era una tristeza, pero había aprendido a vivir como mujer libre, a ser independiente. Pero entonces una idea le sobrevino a la cabeza: Quería transmitir el mensaje a las mujeres de Marruecos, quería ser participe del proceso de enseñaza, pues la sensación de volar libre en aquellos terrenos Granadinos no se pagaba con nada. Sabía que sería una ardua tarea, pues el ambiente que se respiraba en su país no era el mismo, ni por asomo. Pero en su pequeña cabeza estaba esa meta, al menos ser portadora de una vida llena de lujos y grandes bellezas.

Poco a poco, Jasmine iba recogiendo sus cosas para que a la hora de hacer su maleta no fuera muy difícil. María también intuía que quedaba ya poco para la marcha de Jasmine y estuvo algo mas triste de lo habitual, aunque también le sirvió para acercarse mas en aquellos últimos días, pues la acompañaba en sus paseos por la ciudad, en sus tardes en las teterías, o a cualquier lado que ella fuera.

Esa noche, la ultima de sus noches, Jasmine no pudo dormir. Fue a la habitación de María, que también estaba despierta, y hablaron hasta altas horas. Entre ellas se había formado un vínculo de complicidad y respeto mutuo, pues ninguna alzaba la voz, ni discutían, pues su saber estar las superaba. Eran más que amigas, pues no tenían ningún tipo de tapujo. Esa noche, la más larga y la más corta, se abrazaron y lloraron desconsoladas. Se prometieron una pronta visita, que cada una sería bien recibida en la casa de la otra por siempre.

Amaneció. El sol sentenció la despedida de las inseparables amigas, pero antes de abandonar la casa, María entró y descolgó aquel tapiz del cuarto temporal de Jasmine, lo dobló y lo metió en la bolsa de Jasmine sin que ella supiera nada. Mientras, simultáneamente, Jasmine colocaba el té de su país en el segundo cajón de la cocina, dejándole así a María desayuno para más de un mes. Ambas se reunieron con cara de tristeza en el salón dispuestas a partir para la estación de autobús. Un taxi pitó un par de veces y salieron cargadas con maletas. Las cargaron en el coche y se subieron. El silencio era mortal y los nudos en sendas gargantas les apretaba lo suficiente como para que no pudieran hablar sin derrochar lágrimas. Se miraban de refilón, más nerviosas que el primer día, pero para tranquilizar a María, le cogió de la mano, y permanecieron así todo el trayecto.

Una vez abajo, y con las maletas descargadas fueron en riguroso silencio al andén que conduciría a Jasmine a la tierra de los turbantes. De paso se encontraron un puesto de libros y ambas se quedaron mirando. Decidieron de mutuo acuerdo comprarse un libro para la otra, pero nadie habló, lo entendieron con la mirada. Jasmine eligió una obra de Kafka, mientras que María eligió una de Dumas. Se dedicaron ambos libros y se los entregaron con lágrimas en los ojos.
- Que sepas que ha sido el mejor viaje que he hecho nunca, y todo gracias a ti. – Dijo casi rompiendo a llorar.
- No ha sido nada, seguro que harás muchos más viajes y conocerás mundo, eres una chica lista. Con eso de la filosofía llegarás lejos.
Se fundieron en un último abrazo, pues el autobús ya estaba listo para el viaje y Jasmine debía meter sus maletas. Un sonoro beso en la mejilla las dejó llorando a mares en aquella estación, que ahora estaba iluminada, pero no con la luz que Jasmine deseaba. Aquella era la despedida. Arrancó el autobús y con ello volvió a arrancar otro trocito de corazón de Jasmine, dejándolo en Granada, pues desde entonces en esa ciudad con encanto residía parte de su cultura, parte de su corazón, de su hogar; en esa ciudad residía María.

El viaje fue angustioso, pues no consiguió dormir ni una hora, solo cabezadas sueltas. Lo que si tenía claro era que en su cabeza seguía ese plan revolucionario de llevar a la tierra de los dátiles la belleza que pudo ver en Granada, su pequeño rincón de Marruecos, su hogar por un escaso tiempo. También debía seguir su rutina, seguir con sus estudios en la misma universidad, volver a la monotonía, pero eso no le preocupaba porque sabía que cualquier día, dando gracias a la experiencia Granadina, podría salir de su Maruecos natal, recorrerse el mundo entero, visitar cara rincón, cada esquina y descubrir uno a uno los secretos ocultos de cada país. Pero tenía clara una cosa, para ello sus esfuerzos no debían diezmarse, pues sabía tan solo tenía que volver a empezar.









jueves, 6 de junio de 2013

A un amigo.

Tras un rato rebuscando por mi mente como explicar esta extraña sensación que nos ha envuelto durante los años que llevamos conociéndonos, creo que la mas sencilla es la mas directa. Siento que cada vez que nos encontramos, dan igual las barreras espacio-temporales que nos hayan separado, pues nos contamos con pelos y señales aquellas vivencias que han pasado en nuestra mutua ausencia en la vida del otro. Si nos remontamos a los inicios de nuestra amistad, podemos recordar (como yo siempre hago) aquellos recreos en los que agachabas la cabeza para no saludarme. Qué lejos quedan aquellos recreos y que profundos quedan aquellos amigos con los que te refugiabas. ¿Dónde estarán?

Poco después comenzaron aquellos campamentos en los que tú trabajabas y yo me paseaba por allá y de vez en cuando daba catequesis. Eso era vida. De aquellas convivencias quedan las famosas historias de "Vuelta y vuelta", "El cabezazo en el pecho" y "El extraño ruido bajo los sacos en Taizé y la laguna que se formaba sobre ellos cada mañana" 

Tras algunos años ya tuvimos la suficiente confianza como para salir a tomarnos un par de cervezas ("liquido amarillento parecido al pis que huele mal" tu eres el autor de estas palabras). Aunque nuestras fiestas nunca se veían bañadas por el sol del amanecer, a excepción de una. Aquella mañana fue mi mítica invitación a churros (nunca mas se supo de eso, nadie lo recuerda a excepción de tu y yo).

He de decir que eres una de esas personas que conoces y puede caerte bien por parecerle simpático, sonriente o un poquito cabezón (tenía que decirlo), pero nada más lejos de la realidad. Es realmente cuando te conozco profundamente y se lo cabrón que puedes llegar a ser, cuando comprendo la grandeza de tu personalidad. Contigo fue con una de las pocas personas que me di cuenta que debemos aceptar a la gente por como es sin modificar su forma de ser (aunque si da una catequesis mal, hay que corregirlo). Estas palabras nacen de unos años fabulosos con tu compañía, afecto, comprensión y, sobretodo, putadas. "UN AMIGO, CUANTO MAS AMIGO, MAS CABRÓN TIENE QUE SER".

Con estas palabras espero amenizarte este día tan especial y hacer mas deseoso el día de tu regreso para volver a tomarnos alguna que otra caña en el Andalucía con su pequeño pepe.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Las paredes son suelo, y yo ando por el techo.


Y siento si en la noche hay daño,
cuando digo te odio,
pues en realidad te quiero.
Las paredes son suelo,
y yo ando por el techo.

Tus imágenes encarnadas del amarillo fotografía,
y las bocas solo anhelantes con martillos forjadas
solo son indicios de una desafortunada locura.
Las paredes son suelo,
y yo ando por el techo.

Las noches de delirios acabaron en tus pies,
las promesas esquivas se rompieron con tus rodillas,
son las doce y el invierno ha llegado a la cama.
Las paredes son suelo,
y yo ando por el techo.

Siento el odio amoroso, amor odioso,
siendo ser amante, errante comunicante.
Siento que siendo, dejo de serlo.
Las paredes son paredes,
y ya no caigo en tu suelo.




martes, 7 de mayo de 2013

¿Qué nos une?

Nos une acaso un manojo de hilos finísimos e inquebrantables. O serán inmensidades de túneles conectados entre sí. Puede que nos una un ser místico y único, aquel por el que todos enfurecen por llamar Dios.

Podrían unirnos aquellas horas que pasamos juntos mirando el techo, o la forma extraña de las nubes. ¿Nos unirán las páginas, la cultura? Nos pudiera unir lo terrenal, el gusto de estar vivo, de demostrarnos a nosotros mismos que somos inmortales. Es de idiotas afirmar que nos une la raza o la capacidad de creerse de un grupo, el orgullo de ser o pertenecer. Sería como afirmar que sentirse unidos por los fanatismos y las estupideces es un gran símil. También debemos reconocer de vivimos en un mundo en el que nos unen las cosas que sirven para demostrar cosas, pero por mucho daño que nos hagan los de arriba debemos saber que nada hará que las horas y el café que movemos lentamente mientras nos miramos y desnudamos están vacíos. Siento decirte que hoy no será el día en el que te diga que nos unen los fallos o los intentos, ni tampoco las segundas o terceras oportunidades. Mucho menos nos acercan el "cambiaré, te lo prometo". No pienses que nos desune el nacer en un lugar y tiempo concreto, pues dudo si te llegaré a conocer, alma mía, lo que no dudo es que moriré y me dejaré la piel por encontrarte en cada una de mis noches, si no te he encontrado ya. ¿Somos seres adictos a mirar y releer las primeras paginas de los libros manchadas en blanco. ¿Que pensamos si nos hacen jurar que debemos amarrarnos ante la salud, la enfermedad o la muerte? Solo espero que vengas a por mi en aquel barco y que hagamos un mundo de aquello que llamamos vejez, que nos colme de paciencia la vida y superemos sus estados de amargura, incomprensión o soledad. Que no me dejes volar solo, al menos siempre. Y no dudes que nos pueda unir una noche sola y estrellada y ya... Pues es fácil que se unan los cuerpos y no las mentes. No por ello dejaré de buscar en ti esa esencia. Nos une el alma.

lunes, 1 de abril de 2013

Epístola a todas tus cartas

Mira, de verdad te lo digo, ya no se qué decirte, por que siendo nada has arrancado un trocito de mi tiempo, me has dejado sonriendo en algún instante de tus momentos. Has pasado alguna de mis noches solitarias convirtiéndolas en cuentos; esos relatos mágicos que nos encuentran a nosotros, buceando en un mar desierto, en nuestras bocas, muy dentro. No se si estuve contigo, si fui aquella mezcla que buscabas de chico atento, si los labios llegaron a su sitio, si los cuerpos cansados contentaron al alma o solo fue un intento. Tampoco sé si te estoy diciendo lo que pienso, si solo es una voz que, desde aquí dentro te dice, "estoy aquí, solo y callado construyéndote argumentos de los que, como no me guardes, se los llevará el viento". No sé si somo una absurda capa de silencio. No sé si al hablar debería callar, por si al gritar mis voces internas no dicen lo que siento. ¿Y si en realidad miento?.
Dejaré de pensar si ahora quiero que compartamos un trocito de nuestra historia, que, si nos deja la memoria seremos viejos conocidos que, abandonando sus vidas, su mugre, su escoria, juntaron corazones y fueron a saborear la victoria, lo que ellos llamaban gloria. Aún así sabes lo que pienso y lo que no pretendo. Ni ahogarte, ni asfixiarte, que soy tu amigo, que te entiendo, que quisiera estar contigo aunque este no sea ni el lugar ni el momento. Sé que no fue mi culpa este amargo entuerto, que te hizo presa de este hechizo cruento. Alguien te dejó una herida en otro cuento, que creíste que algo estaba vivo, cuando en realidad llevaba años muerto. Tranquila, compañera de mis noches, pues tengo el ungüento que te hará recobrar el aliento. Este medicamento del que te hablo no es otro que el de pegar nuestras pieles en todo momento, en juntar nuestros labios sin prisas, sin odios, rencores o miramientos. Ese secreto del que te hablo es el tiempo. Tu problema se cura con este remedio, y si no: "Poco a poco". Ese es mi lema. Es posible que nos encontremos con muchos problemas, dificultades y grandes dilemas, pero los errores se superan, aunque no me guste hablar de este tema. Podrán pasar tormentos, ventiscas y tempestades, podremos pelearnos, aguantar huracanes. Podremos soportar el duro invierno, podremos enfrentarnos a miles de infiernos,  podremos dejar que corran los años, que nos inunden los otoños, querremos dejar de vernos.

Pero jamas olvides algo: Habiendo sido amantes, mentes o cuerpo piensa que siempre estuve contigo, que jamás dejaré de ser algo: Tu amigo, por que ante todo soy eso. TU AMIGO.

martes, 19 de marzo de 2013

Tiempo

Y sigo pensando en aquellos recuerdos, los que acompañan a tu voz subtitulada con palabras e impresiones. Doler la piel y sangrarte cada gota. Y como arpegios estelares viene a mi mente aquella bossanova que te cantaba cada noche, mientras te hacías la dormida, mientras te tenía entre mis brazos. Aprieto aquel vidrio que contienen mis manos, frío, ajeno a mi cuerpo, como si nos separaran universos interestelares. Vuelvo a darle un nuevo trago y a secarme aquellas lagrimas que me surcan por la cara. Siento como el calor de aquella bebida me hace indagar, me lleva a mis entrañas; una vez allí, nado tranquilo. Un estado de furia interna, apenas exteriorizado por un leve movimiento de ceja, casi imperceptible, me consumió. Entonces me pregunté qué fue aquello que me hizo ganar su atención, que hizo que nuestros ojos se hallaran en aquella solitaria noche de Diciembre: El tiempo.

Todo es el tiempo que dedicas. Somos tiempo, el tiempo que duramos, que somos útiles... La cantidad de tiempo de algo se traduce a dinero. Nuestro cuerpo nos marca con el tiempo. Nos delatan las arrugas, el exceso de tiempo en este mundo. Nos delatan las marcas de afecto en cuellos y demás zonas intimas, tiempo que fuimos felices. También hablan las marcas de nuestros excesos, mal tiempo, tiempo que no valoramos como tiempo. Y aquel beso, aquel hermoso beso con el que ella se comió mis labios, cuando todo se redujo a dos cuerpos que se intentaban hacer uno. Ahí fue cuando el tiempo, realmente, dejó de existir. Ella era aquello que hacía mi mundo mágico, pues controlaba mi tiempo, lo manejaba a su antojo, aunque nos daba igual que horas fueran para hacernos arrumacos. Cuando nos íbamos a dar cuenta, ese tiempo había volado y había amanecido. Pero al fin el tiempo nos jugó la mala pasada de separarnos; solo me la dejó en recuerdos, en un pasado. La arrebató de mi hoy, de mi tiempo presente, que era de cada día, mi regalo.

Y ahora absurdo e incomodo sigo sintiendo caer ese tiempo por mis orejas, como lo trago junto a este vino. Y si la viera le diría que cada día la siento mas cerca, que es mi musa, que vayamos de la mano a matar el tiempo con cada uno de los besos que hacía cortar hasta el aliento, que amanezca como aquel sábado, mientras las persianas tapaban aquellos primeros claros.

lunes, 11 de marzo de 2013

Regresa

Y me dio por pensar, por dejar libres aquellos pájaros que tenía encerrados en mi jaula, en mi mente. Los dejé libres, volar por muchos segundos. Un petirrojo me miró y me dijo que por muchos pensamientos volátiles tenga en mi cabeza, que sus alas serían mis alas en un mañana.

Entonces todo se volvió turbo, todo quedó en una soledad, en un silencio estremecedor. Fue el lugar de mi cerebro, aquella orquesta improvisada compuesta por músicos callejeros vestidos de traje, donde me quedé como un espectador de mi propia existencia. Allí no existían acordes, sino pasión, no existían escalas sino la dulce melodía que me cautivaba y me hacía algunas veces quedarme en babia. Y con redobles de timbales, con la frotación intensa de aquellos violines, con la suavidad del viento... Entonces de la melodía naciste tú. Hacía unos años que te perdí. No era tu renacimiento, pues naciste nueva, pura. Naciste de aquellos versos desesperados, naciste de mi mente, de mis recuerdos, de mi alma, de mi cuerpo. Naciste en un día, para quedarte conmigo toda la noche. Aún así no sentimos el frío helador del previo mes de Enero. Solo pudimos sentirnos y cuidarnos, como si no nos importara ser desconocidos recordados, como si quisiéramos ser amantes, ser sed del amor, ser, de nuestro calor, enamorados.

Y cada luna de ausencias, cada mar de estrellas, cada ola de sentimiento me hablan de ti... No es por pedirte, ni por ser un entusiasta romántico, pero muéstrate cada noche en tu balcón para poder admirarte.

O sino las lunas seguirán siendo ausentes, las estrellas vendrán a mares y las olas me ahogaran solitariamente, mientras contemplo cada noche mi cama vacía, desnuda de ti.

domingo, 10 de marzo de 2013

Pensamientos

Aunque nos hayan separado cantidades ingentes de casualidades incausadas, modificandonos a ambos en espacio y en tiempo al antojo del sino, y en aquellos caminos perdidos de locuras extravagantes haya podido tropezarme con algún que otro bosque afrutado, siento que al volver a ti soy alguien nuevo, alguien que no es parte de sí, sino de ti, que ya nos conocíamos desde hace tiempo. No te pido ni excusas, ni drogas, ni que nuestros oídos queden encajados en la máquina artificial que nos mantiene vivos, aunque me gustaría, pero no es lo que pido.
Después de sufrir lo vivido y con cierto aire de perspectivismo subjetivado me doy cuenta de que no está roto aquello que observo, sino que aplazo las conclusiones de manera inevitable, todas juntas, para el día que decida inmolarme, para aquel día en el que decida reconocer que el que está roto soy yo.
Y quedarme en casa, y volver a clavarme un puñal en el pecho, de los que se acomodan suavemente, de aquellos que te calientan y te hacen decir cosas, aquellos que te espantan a las personas cuando saben que ese puñal está clavado en tu corazón. Pero habrá que mirar temporalmente para otro lado, que el niño que llevan dentro les explote el alma, o te hagan explotar a ti..

viernes, 8 de marzo de 2013

Para mi Rubia.

A veces es difícil concentrar todo lo vivido, todo aquello que en una vida te ha marcado, todo lo que te ha sido importante, relevante y trascendental. Llevo en mente algunos días haber escrito las palabras que hoy publico, pero debo decir que tras tanto pensar en lo importante de la vida, en esos pequeños detalles que nos hacen estar vivos puedo decir que hoy lo has sido tú uno de ellos.

Casualidades que nos marcan, aún sin nosotros ser conscientes de ello. Tu fuiste una de ellas, una de esas rubias estrellas de pelo corto y uñas largas. Sin saberlo, juntos crecimos, anécdotas vivimos y de las cuales nos acordamos. Pronto empezamos a coincidir, en ser obreros de la misma mies. Y a día de hoy aún trabajamos juntos por hacer certera la felicidad, por hacer que otros sientan aquello que nosotros sentimos algún día entre literas y camas pintadas, entre refrigerios y extrañas pizzas. Tú ya me entiendes.

Poco a poco empezamos a construirnos por nuestro lado como personas, a ser mas que monos, humanos. Aún no sabía cuanto peso podía dejar caer entre nosotros, aunque algún roce de verano me demostró que no eras una de las que te sonríe hoy y mañana ni te mira. No recuerdo muchos de nuestros tensos momentos, pues siempre hemos sabido llevarnos, en unas medidas, lo mejor posible.

Es cierto que odio algunas de las estupideces que la gente, aleatoriamente, suele hacer, pero he de reconocer que tu sonrisa estúpida a veces es uno de los pocos ánimos gratuitos que recibo. Te veo y admiro aquella fuerza interior que sacas cuando aquello que haces se pone cuesta arriba. Tu animo ferroso, tu generosidad desmedida ante las cañas del López bar que pagas cuando carezco de posibles, y que reembolso del mismo modo altruistamente, sin saber si debes o debo. Me da igual si es una amistad desmedida, si un día doy mas de aquello que puedes darme tu en toda tu vida, pues confío en que algún día vendrás con sonrisa alargada, con tu vida que, trasegada, te hace seguir viva y me dirás: "Sergio cuéntame algo".


jueves, 28 de febrero de 2013

Soledad.

La soledad es esa persona ausente que nos incordia o nos amansa, depende de nuestro suceder de horas o días. Mi reloj se paró en aquellos segundos en los que una sucesión de errores daba como resultado mi propia vida. Obnubilado por mis tradiciones, quise ser pragmático enamorado, cuando ya no había amor. Clavé aquel puñal en el fondo de tus entrañas, en aquellos columpios en donde aún nuestros cuerpos se balancean, de aquel parque, de aquella noche, de aquellos años.
Caí a ese abismo oscuro donde ya solo existen las copias humanas con amnesia de la persona que tú eras antes de que yo dejara de ser quien era, quien ya no soy.
Irritado y dolorido me toca recorre triste aquel camino que me depara las consecuencias que no supe apreciar. Descubro notas y escalas, pero ya no estás. Descubro lugares, paisajes, promesas, pero no vendrás, quedaras absorta en temas que yo califico de relativa importancia o verdad. Es la pena no haberme subido a un tren, es la cara de gilipollas que se te queda cuando ves el pasado con perspectiva y cuando vas a agarrarlo se te resbala de las manos, huyes de aquél lugar, vuelves a la realidad. Entonces es cuando lloras. Lloras por lo que has perdido, por lo que no has podido sostener, por lo que perdiste mientras seguías perdiendo. Lloras por que sabes que estas solo y por que te das asco a ti mismo. Lloras por las cosas que no volverán a su lugar. Lloras y quieres morir, pues lloras y estás solo, como un niño al nacer, incomprendido y asustado de un mundo que es doloroso e hiriente. Simplemente lloras. Entonces vienen esas nauseas que no son de vomitar, sino de ganas de seguir muriéndote. Eso en su día lo llamé proexistencialismo, pues supuse que era una etapa o fase donde aceptabas tu no-trascendencia y solo te dedicabas a observar el pasar de los días con un leve sufrimiento interno. En esa época aún era un alma descarriada que seguía con afán su destino mal señalado.
Ahora la verdad es que solo pienso en tus labios, en tu aliento de metal y en tus besos raros. A veces me hallo en tu estulticia, donde me debato entre una soledad tranquila, o una compañía, que a pesar de bella, es impertinente. Vuelvo a vomitar cada instante que miro mi foto de actualidad, pero debo ser mesurado. No vaya a ser que veas mis arcadas. No creía merecer lindas princesas que me besaran cada amanecer en mi cama, sino que sacaras el arte de nuestra vida bajo cada piedra. No esperaba que cada segundo me dedicaras tus pestañas cual beso de mariposa, pero tampoco que me olvidaras al doblar la esquina de los pensamientos que nos separan, de los kilómetros que aún no nos unen. Tampoco pretendía ser un idiota cabezón que afirmara tener razón con cada una de sus premisas, pero sí tener esa ilusión de niño que no quería que los pensamientos desviados los destrozaran.
Vuelve a darme una de esas arcadas que me hacen dejar de mirarte. Seguramente de aquí iré a algún lugar mas cómodo que el corazón que me das, al despreciarlo como algo vital. Déjate las marcas de carmín para otro día, que hoy ya tengo ganas de suicidarme. Adiós mi amiga soledad. En tu compañía solo me siento, solo estoy, solo soy.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Frutas del bosque

Estoy componiendo escarchados versos por tus imaginarios carrillos de noche de otoño. Y en cada monte aletean los bucles de tu pelo. Cada noche esperas a que mi mirada asome entre alguna nube, que baje en agua de estrellas, que me vierta en tu suelo. Solo esperas unos segundos a que tus palabras me soplen aquellas burbujas que vienen de tu cabeza, lo que conviertes en ideas. El camino que algún día ambos correremos para abrazarnos en una cámara lenta que nos da una atmósfera de astromanticismo para al fin encontrarnos en el para siempre.

Y entonces vendrás,
vendrás corriendo hacia mi,
aunque ahora no sé dónde estás.

Vendrás a postrarte sobre mi, conmigo, encima.
Correrás hacia mi, mujer amada mía, sin prisas.
Yo estaré tumbado, escribiéndote en esta encina.
Cuando llegues prepárate, te colmaré de sonrisas.

Licor en mis noches de violetas nevadas
beberás el agua del río que roza nuestro pecho.
Nos degustaran la seda y el lino con deleite

Las luciernagas están en los escaparates atrapadas.
Dejémonos la sangre corra por el oscuro techo,
Mientras tu y yo nos embadurnamos en aceite.



martes, 12 de febrero de 2013

Recuerdos de Marc

Ya no me encuentro con el pasado,
ese pérfido y estulto amigo,
el que me prometía vida de casados,
el que me juró su abrigo.

Ya no florece nada en mi vergel de abrazos
las semillas fueron piedras; no germinan.
Fue nuestro futuro un boceto a trazos,
una historia que, antes de empezar, termina.

Ya no soy yo aquél que bajo las piedras te busca,
ni ese ratón que volvía para que le dieras su queso,
el que inmortalizaba a cada instante tu sonrisa etrusca.
Mucho menos el que pelea cada día por uno de tus besos.

Solo soy en tu lecho de muerte, unos puntos suspensivos.
En tu olvido, la mancha de unos día anotados.
En tu mente, el rastrojo de un día de futuros pasados.
En tus ojos soy aquella mala cara ante el beso esquivo.
En tu cuerpo ya no soy aquellas ropas con su olor.
En tu piel, la piel anexa que ahora es escoria.
En tus labios, el robo de aquellos segundos de hedor.
En tu vida, el pedacito de memoria, que ya es historia...

viernes, 8 de febrero de 2013

Anexo Festivo a "Besos Mojados".

A veces estamos tan ensimismados en la rutina del triste día que nos olvidamos de aquellos matices que los hacen diferentes, lo que da motivo a mi escrito.

Desconoces el origen de las cosas, de algunas amistades, de como llegaron a ser algo, de como tomaban importancia poco a poco en tu día a día.
Yo, en particular, desconozco la tuya. No se ni de donde viniste, ni por donde saldrás. No se cual es tu camino, ni tus pasos, ni el ritmo de tu caminar. No conozco tu voz, ni tus ojos, ni tu despertar. No se como es la caída de tus ropas, no se como eres, ni me importa. Solo se que coincidimos en una vida, que ocupaste mi mente y mi tiempo. Sé que llegaste sin ton ni son, que encontraste un sentido, una dirección. Ahora, gracias a ti misma, eres el resultado de un producto de vida, eres lo que tu te has creado.
Si conocieras mis antiguos prejuicios te reirías. Pensé que eras típica, normal y aburrida. Cuando te encontré realmente, cuando te conocí, fue cuando maravillado quedé al comprobar lo que eras realmente. No supe muchas veces donde situarme, o si me entrometía demasiado, pero si sé que de mi entrometimiento y de tu pasión lectora salió aquel relato de final alternativo, el mayor contacto que pude tener contigo.
Aquello significó mucho para mi. Fue imaginar el encuentro que algún día (¿Sucederá?). Pero no me importa lo que suceda. Se que a día de hoy eres una enorme persona, que daría mucho mas de lo que espero y mas de lo que imagino por un amigo tan secreto como los fuegos fatuos de un amanecer poético de Ovidio.
En esta historia de nosotros nos hemos encontrado de todo: Tiempos de silencio, de ausencia, de charlas trascendentales, de problemas, de confesiones... No digo que las piedras no nos hayan jodido el caminar, solo espero que, de aquí a un futuro, pueda seguir contando con aquellas historias de la tierra del vino, con aquel encanto de persona que eres, con aquellos "Besos Mojados".

martes, 5 de febrero de 2013

6 horas de sueño real...

Fueron seis horas de un placentero y profundo sueño.
Seis horas tan cortas, tan efímeras.
Interpretamos el papel de amigos de otoño;
tú, con pasión, floreciste, siendo primavera.
Y por mas que suplico y  pongo empeño,
fuiste para mi mente una quimera.
Ahora tengo el alma en el puño
de no saber cuando yacerás a mi vera.

Cuando mis brazos quedaron alargados,
extendiéndose para destensar mis músculos,
pudieron comprobar que seguías a mi pegado.

Mientras tus caricias se derretían por mi cuerpo,
tus yemas las espolvoreaban por mis cabellos.
Mientras, me hacías sentir que tu magia me hace bello,
que en el partido de la vida, nosotros ya eramos un equipo.

Cuando desperté no encontré ningún punto o coma que se posara en tu cara,
esas mismas pecas o lunares con los que ahora puntualizo mis escrituras.

Nada hubo mas romántico que aquel amanecer,
donde la noche nos dejó el alma desnuda.
Nada mas precioso, a mi parecer.
Ni las rimas de Becquer, ni los veinte poemas de Neruda,

"(Solo nuestras almas que se miran, mientras nuestros cuerpos se desnudan.)"

Ni un piano interpretando "Claro de luna",
ni Barcelona entera construida por Gaudí,
ni "La dama de las camelias" de Dumas,
ni los relojes estirados de Salvador Dalí.

6 horas justas desde que te fuiste a dormir... y una historia nueva que contar.

Llegar a ese deseado lugar, donde estaba tan habitado y nauseabundamente dulce aquel día, y tan frío y vacío este hoy. Dejar la maleta en el suelo, porque es más importante buscar esa promesa con nombre de objeto. Despertar de un sueño mental a milésimas de segundo percibiendo en las sábanas a perfume de Seduction in black, de Antonio Banderas. Contengo la respiración y almaceno ese aroma en mi cerebro, pues buscando y buscando tejido por tejido no volví después a encontrar ese aroma. Mientras guardaba esos recuerdos en el cajón bien doblados, pude recordar de nuevo que andaba buscando algo "tuyo" que me habías dejado en el cajón. Dejé el colchón desnudo y corrí apresuradamente con las dos manos a buscar ese objeto. No estaba. Busqué en el otro cajón. Nada. Llegué a pensar que fue una falsa ilusión, una pequeña broma, de esas que tanto me creo y luego me hacen sentir como una inocente. De repente me dirigí a la cocina y un hueco tan profundo como un hoyo fúnebre inundó mi pecho. Estaban la harina, la nata, el azúcar, el chocolate y la botella de Whisky escocés, ésta última vacía y tapada. Esto último pude llevármelo a mi habitación, observarlo muy detenidamente y pensar "que bien me has hecho, y que mal a la vez, amigo, pero ya has terminado tu largo viaje aquí". Parecía que no habían pasado los días en este hogar, pero estaba todo en orden. Mientras daba arcadas recuerdo oírte fregando aquello, y las escasas fuerzas no me dejaron decirte ese día que dejaras eso tal y como estaba. ¿TE HAS IDO PARA SIEMPRE O ME VOLVERÁS A HACER ESAS TORTITAS? ¿PODRÉ VOLVER A ACARICIAR TU PELO EN LA MAÑANA MIENTRAS ESTÁS INTENTANDO DORMIR DE NUEVO? ¿VOLVERÉ A TAPARTE COMO SI DE TU MADRE SE TRATARA PARA QUE NO PASES FRÍO? La respuesta la encontré cuando, al acostarme, encontré muy dentro de mis sábanas de franela uno de tus guantes, sólo uno. Supongo que no tiene sentido que lleves un guante, pero aquello quería decir algo... el final del día me supo más dulce que aquel whisky con cerveza.

miércoles, 30 de enero de 2013

Reflexiones de ultratumba

En una esquina tu obtusa mirada se clavaba de nuevo en mi cuerpo arrugado, mientras los cristales quedaban esparcidos por el suelo. Tu cara quedaba impasible ante tantos ríos que desbordaban mis pestañas, las que ya, pegadas en mi piel, no volaban. Mi mente pensó en que todo era una gran mentira, que aquella tarde el cielo no tenia ese verde enmohecido que flotaba mientras cada minuto adelantaba a la oscuridad que le seguía.

La nausea que persiguió al resto de mis días fue un todo comparado con la minucia de arrojarse por una ventana, de dejar que mi cuerpo muerto se desvaneciera hacia un vacío relativo, que se escabullera de todo aquello que se interpusiera, mientras mis ojos a cámara lenta pudieran ver cada obstáculo para  esquivarlo.

Al fin y al cabo la nostalgia solo fue ese camino de escasos diez minutos que nos separaban. Más que el camino, esos interminables diez minutos, que pasaban insufriblemente despacio. Más que aquellos diez minutos, fue la desesperación por la que escasas veces yo emprendiera tal camino de diez minutos para verte. Fue el espacio que se interpuso entre nosotros. Queríamos matar ese espacio que se interponía. Ya puestos mataríamos también al tiempo, que nos dejaba en mitad de aquellos sueños, de aquella esponjosa nube. Ambos murieron solos. Y nosotros con ellos.

Y aquellas tardes que desvanecían nuestras mentes, desgranaban nuestra razón y torturaban el ansia y la paciencia, de repente fueron polvo liviano que atosigó mis pulmones, que cargados quedaban del humo angustioso que últimamente respirábamos.

Reciclamos aquellos funestos corazones con la soledad que no pedían. No dudamos en que debíamos tomar aquel antídoto, sin saber que era peor que la adicción mutua que nos dejaba pegados cada uno de los días; esos días en los que nuestros ojos luminosos nos conducían por el camino recto, donde esas tardes nos leíamos los cuentos del perdón, donde tras cada una de ellas, nos pasaban los años y no quería buscar otra voz, sino tu voz, no otros pies, si no tus pies.

Si te tuviera aquí en estos días, no escribiría nada de esto, me quedaría tumbado mirando a aquel techo que me hipnotiza.

Pero yo quiero ese canto para vivir, darte tus riendas, escribir nuestra historia perdida y cambiar nuestro  fracasado estado de transición. Ahora es demasiado tarde.

Ahora, ante la tabla de color caoba y llena de mugre , ante el final de una vida repleta de disgustos, me gustaría reinventarme, reencarnar el tiempo perdido de todos los años que pasé lamentándome, aquellos agostos angustiosos, aquellas tardes sin sentido. Y ahora me doy cuenta lo realmente tarde que es, del frío que se siente en las calles, del gris que dejaron tus labios rojos con el carmín que untaba cada copa rota.

Pero poco a se van llenando mis oscuros días, aunque sea lamentándome de que no estés, buscándote por cada tasca. Si tu cabeza alguna vez pensó en mi, no pensó en contestarme a los mensajes, ni en mirar atrás en su camino. Me asesino mas cada noche mientras arde la ciudad. Tu buscas encajar tus horas. No me encuentres.

Una vez con el muro en la pared, nada importa. Todo queda resumido en una posición, la que ocupo en este reducido espacio, el que será mi barco hacia la nueva vida que no volveré a desaprovechar. Lo prometo.


jueves, 24 de enero de 2013

Epístola a los Corintios

En nuestra historia de dos siempre pensé que fui aquél hombre elegante vestido de negro sentado, tomando un whisky solo con hielo en aquel piano-bar, mientras pasaba desapercibido del resto de la gente. Observaba desde muy lejos, según mi parecer, el fuego con el que tú hacías malabares. Una cuestión de perspectivas me hizo fallar en mi disparo. Y me quemaste. Pensé que fui aquél que ojeaba tus páginas de forma objetiva y te aconsejaba lo que, desde un punto de vista apartado, aún así cuando no te amaba. Lo pensé incluso tras aquel fatídico mes de angustias, tú ya me entiendes. Seguiría pensando que yo era el agua templada y mansa que algún día me hiciste ver que necesitabas. Fallé, me volví a quemar.
¿Por que entonces ahora la extraña sensación de que soy el mueble molesto, aquella piedra en el camino que te impidió ver tu verdadera felicidad lejos de mí, lejos de todo? Tus dedos jamás piensan en mi, en mis palabras, en mi nombre. Si lo hicieran no serias una luciérnaga intermitente que intentas saber de mi a espasmos. Todos las personas, todos los recuerdos quedan en su sitio, menos yo. Sigo sin entender qué fue de aquella fe ciega que nos hacía mover montañas, que nos prometía un mañana mucho mas interesante que un hoy. Y la prisa por arrugarnos, por quedar reducidos a unas paredes decoradas con los rastrojos que hubiéramos coleccionado durante aquella vida.
Si me preguntase algo certeramente sería que: ¿Por que lo mataste antes de conocerlo? ¿Por qué mataste a ese ser que nacía en tus entrañas, que se alimentaba y jugueteaba contigo? ¿Por qué dejaste que tu cuerpo hablara? ¿Por qué mi mente te olvida y mi boca no se acostumbra? ¿Por que mi subconsciente te hace rebotar contra la pared?
¿Fue acaso una novela de algún macabro escritor en la que me deja sin título y sin final? ¿Son suyas las baladas que me mecen las noches que lloro, que mi alma, a rabiar, necesita esos empujes, esas carcajadas, esas estupideces que le hacían sentirse querido? ¿Son estos pensamientos suyos? ¿estoy preso en la mente de algún anómalo desgraciado? Siendo así, todo tendría sentido. Si no lo fuera, me estaría volviendo loco.
Sé que leerás esto alguna vez y pensaras que es para ti. Lo es. Gracias por aquella desgracia tan agraciada que me hiciste vivir, por ese infierno decorado con horteras flores celestiales, por aquel paraíso de mugrientos atardeceres. Tómate esto como tu epitafio, como la epístola que nunca recibiste, ni recibirás. Por los siglos de los siglos...

Bonnie and Clyde

Y al final del túnel, cuando todo era salir y aguantar el fogonazo del sol que se inyectaba en sus ojos, tuvieron que parar en seco ¿Por qué lo hicieron? Una pareja ideal, salvadores de un país que cada día se mancilla. Fueron héroes. Evitaron la invasión de una putrefacta sucesión de tiranos, aunque fuera revelando aquellos secretos, aunque fuera desnudándose cada noche y amándose en cada minúsculo detalle. Fueron medio dos. La inyección letal fue la solución. Si alguna vez muero, quiero que sea así, con ella, con ese segundo mágico que nos dejara mirarnos a los ojos, jurándonos un después de esta vida. Todo es cuestión de perspectivas. ¿Es el circulo impregnado con tinta en un papel un circulo? ¿O es un circulo ovalado mirado desde el pie de pagina? Y si un día nuestro antídoto es peor que la adicción... Entonces seras una espía secreta.

martes, 22 de enero de 2013

Quilmes (Cerveza Argentina)

Me fijé en ti, en tu cara de infelicidad, en tu rostro de querer la novedad que tu vitalismo ahogado no podía darte. Empezaste a escupir seda, a buscar dentro de ti una felicidad diferente, sin el miedo a los nombres, sin terror ante las preguntas que quedaban en tu inopia.
Vi como crecías, como tu sonrisa quedaba en la vitrina de tu cara. Te transformaste, nos dejaste un estúpido sabor de boca, una risa tonta.
Concretamente a mi me diste una buena sensación (a pesar de malos entendidos) en la que me di cuenta de que evolucionabas como persona, que eras crítica contigo misma.
Agrío te fue aquel paso, aquel peldaño del que subiste.

Ahora debo decirte que, tras conocer todas tus naranjas partidas, eres única. Única por ser esa persona con una estabilidad tambaleante, ese humor extraño del que a veces quedo prendado. Sabes que por mucha ideología restrictiva que yo predique eres demasiado especial como para que algo que no vea me haga perderte a ti, que puedo verte. Que jamás quiero que mires cerrando aquellos labios que siempre nos sonríen. Que nunca hundas tus ojos luminosos por cotidianos baches, de los que siempre puedes contar conmigo, por que desde hace tiempo (cuando se rompía mi cachimba) vi algo en ti que me hizo saber que eras eso, una gran amiga a la que, cuidando, serías eterna. Un beso.

lunes, 21 de enero de 2013

Y en recuerdos te vivo.

De saber que tus hombros serían aquella cama improvisada
después de tantos años de circunvalación estúpida,
me habría quedado colgado en aquellas lunas
que nos mecían en un mar de noches.

Si hubiera sabido que morderíamos la tapicería
en cada rincón de pasión que tus escapadas nos permitieran,
me habría perdido en una isla desierta
con la espuma de aquellos vasos de cerveza, esperando tu visita.

Habiendo presentido que tus manos se iban a cobijar en el cuartito cálido
que ahora ocupas en mi corazón,
hubiera quedado en aquella playa tirado, tirando piedras a las estrellas,
para que fugasen y verlas en tus ojos reflejar.

De haber sabido que me prestabas tus labios cada noche
en la que solo búhos supieran de nuestros ruidosos corazones,
me habría quedado a vivir en cada una de tus pestañas,
esperando ser el deseo que algún día pidieras.

viernes, 18 de enero de 2013

La casa de mi amigo

Hace unos meses cené en casa de un amigo. Ya no era mi amigo, sino otro. Ya no vestían los mismos cuadros aquella casa en la que tanto habíamos vivido mi amigo y yo. Al entrar, en la puerta, mi amigo me saludó, vino a mi mente, oí su voz. Mi amigo me dijo que ya no estaba entre nosotros, entonces deje de oírle. Fue extraño como aquellos sofás, desiertos de cojines lanzaderos quedaban dubitativos en mitad de un salón amorfo y reducido. Las noches de tertulia, de compartir gustos, opiniones, o de disfrutar de películas ya no eran noches para eso. Mi amigo me volvió a decir que la comida no era de esa comida que antes preparábamos con tanto esmero. Ahora era un revoltijo de cartón que masticábamos sin saborear. Que las carcajadas solo salían por educación, no por cercanía o comentarios chistosos. Fue desagradable ver mancillar aquel ritual de viernes noche al que tantas veces habíamos sido invitados, y que seguramente nunca hubiéramos saboreado tan bien como aquel día de cambios a quebranto. Temas banales poblaron nuestra mesa mientras engullíamos aquél cartón frío. Nadie se quejaba, todo parecía estar en una nube, en un lugar por encima de lo real, deseando que aquellos tabiques se derritiesen, dando paso a aquellas fotos atadas con cordones de zapatos, aquellas imágenes santurronas o aquel DVD de escaso tamaño. Todos deseábamos que los juegos tras aquella velada fueran infringidos por mi amigo, pues sus triquiñuelas y trucos de poca monta eran legendarios. Quedamos sorprendidos con la rapidez de una cena que quedaba caliente en nuestra boca, pero fría en nuestro corazón. Quedamos descolocados tras aquella noche tan rara, con esa sensación de vacío, como con cierta falsa simpatía.

Me di cuenta que esa casa seguía siendo una casa, pero no era la casa de mi amigo. También que aquel que vivía en esa casa era un amigo, pero no era mi amigo. No era amigo. Mi amigo ya no vivía en esa casa.

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Y lo llamabas al amor?

PRIMERA PARTE

Pero que imbécil eres.


Voy a contarte tu historia. Un día de tu triste vida de albañil desdichado encontraste un precioso objeto. Era bonito, precioso a la vista. Como una cajita de música. Tu decidiste echarlo a la maleta donde tenias los demás utensilios que creías valiosos, aquella bolsita donde nadie metería la mano. Esa cajita de música, aterciopelada, de un rojo intenso, con unas delicadas terminaciones, comenzó a marchitarse. Pero tu, despistado en tu ocupada vida de poner ladrillos y espesar cemento no la oíste. ¿Para que ibas a poner oído en algo que era tuyo, que atabas con el resto de cosas? Tu seguías construyendo felizmente aquella pared que te llenaba el buche, sin darte cuenta que aquello que te llenaba el alma, que te llenaba el corazón, que te llenaba tu vida, que cubría tus heridas, se desvanecía.

Pasó rápido el tiempo para ti. Cuatro lentos años para aquella cajita que florecía, que flotaba, que metamorfoseó en una roja rosa. Sus raíces no quedaron quietas, anduvieron, anduvieron tan lejos que la pared que felizmente construías en el trabajo te impedía verla. Alzaste la mirada. viste un fugaz rayo rojo a lo lejos de una colina. Te dio igual. Pronto, cuando fuiste a mirar aquella mochila de objetos viste que solo faltaba aquella cajita roja de la que un día tus sentidos quedaron prendados. Dos cuerpos se pueden conocer en una noche, pero dos almas... Dos almas ni en una vida. Eso no se si lo pudiste entender, pero tu mente simiesca enfureció. Recordaste el fulgor colorado que dejo aquella rosa tras el muro que te tapaba todo. Fuiste tras él. Cuando encontraste aquel vergel colorido en el que la rosa roja yacía relajada y sonriente quedaste confuso. ¿Ahora eres feliz? ¿No lo eras antes? Ella te negó.

Entonces comprendiste por qué debías haber escuchado aquellos gritos de una caja de música vieja y ajada por el tiempo, que sin duda ahora anhelabas. Los anhelabas tú. Tu alma era aquella gran desconocida que ahora se sentía herida. Ahora ella te mira con mala cara y te lanza espinas. Por eso gritabas a los cuatro vientos. Es por eso por lo que sangras. Por eso rabiabas. Por eso tantas y tantas cosas que ahora te explicas.


SEGUNDA PARTE

Es posible que por ciertos influjos del destino yo conociera a esa persona en unas circunstancias y coincidencias oportunas para saber que era una alma totalmente libre, anarquista corazón que derrumbaba los bares a su paso. El paso del tiempo me hizo ver lo buena gente que pudo ser. Pero fue una situación compleja, intima y con la ayuda de dos cervezas aderezadas las que me hicieron ver mas allá de lo que era como una amiga. Rodaron tanto besos como abrazos, como mágicos hechizos que volaron nuestras mentes a un lugar inexistente. Vi sus labios rojos, su mirada delicada y su alma totalmente ensangrentada. Parecía una flor. Pasaron los días y mis ojos no querían separarse de aquella flor espinada, que solo caricias requería. Jamás encontré una rosa en la que abrazarme y no clavarme sus espinas. Desde ese momento te llamé Rosenrot. MI ROJA ROSA.











lunes, 14 de enero de 2013

Recuerdas, amigo mío...

Recuerdas, amigo mío:

Aquellas tardes que "sin encambio" no eran tardes, donde un sol se fundía en aquella playa al compás de tu admira. Recuerdas cuando aquellas noches interminables de un trabajo agotador nos dejaban fulminados entre los sofás de mi casa o cuando me decías: "Yo nado, pero meogo"...
Quedan en tu memoria aquellos cortos films que tanto nos quebraban la cabeza, la misma cabeza que luego nos abríamos hasta altas horas de la noche divagando de filosofía, conocimiento y alguna tontería teológica. No se irán jamas de mi mente aquellos solos tan largos, aquellos pepes tan pequeños, aquellas clases tan interminablemente eternas. Cuando mi mente ociosa te decía que cogieras una por una a aquellas muchachas eroticamente atrayentes con fines nada morales. "¿Para que serán las mujeres?" Te pregunté. Obtuve respuesta. Volarán de tu masa gris aquellas risas extrañas, aquellas noches de fiesta donde amanecía, aquellos rastrojos de pasión que visitaron nuestros hondos cuellos tantas veces... Nuestros atardeceres de consejos, aquellos cigarros mojados bajo un toldo hermético, los días de viento, cuando rabiabas diciendo que dicho viento alborotaba tus cabellos. No caerán de la memoria aquellos ensayos teatrales en los que, con mucha gallardía, narrabas los cometidos de los reyes entre sabanas.

Olvidarás algunos de los nombres que conociste, las personas que amaste o los momentos en los que feliz te sentiste. Solo hasta el día en que llegue y te diga: ¿Recuerdas? Amigo mío.

sábado, 12 de enero de 2013

No sé

No sé aún si será mentira o verdad.
No sé si soy mente, cuerpo o cabeza.
No sé por que contigo tuve que tropezar.
No se si serás verdad relativa o certeza.

No sé si eres la dueña del averno.
No sé si eres viento, mar o hielo.
No se si eres mi paraiso de infierno,
O si serás un pedacito de cielo.

No se si vistes otras pieles
No se si tu cuerpo muda
No se si en realidad me quieres,
O si es solo tu alma que se desnuda.

No se si eres rosa con espinas.
No se si podre sacar de ti la pulpa.
No se si tendré que buscarte por las esquinas.
No se si te perderé y si...

¿Será mi culpa?

viernes, 11 de enero de 2013

El frío de la noche que no estuve

Esta noche siento frío. Obnubilados quedan mis sentidos tras una persecución estúpida de mis razones, dejándome ausente. Llegar al final del camino y encontrar vacío, vacío y mucho frío. Encontrarte nada.
No quisiera pensar que todo tiempo de vuelos idealizados con varitas de cuento fue como aquel tiempo que tiré a otro vacío. Absorta mi mente piensa en qué cojones pasa. Todo fue viento en popa y estrellaste este viejo barco reparado una y mil veces. Partiste con desgana cada tabla, cada palo, cada astilla. Mañana pasearas por el muelle y dudo que lo eches en falta, pero habrá un bote auxiliar para que veas atardeceres en el mar menor. Cabía esperar algo así de algún pirata, que anteriormente hubiera revendido mi barco en mis propias narices, sin yo poder hacer nada.
Cierras las puertas de mi paciencia con la nulidad de tu persona. Irascible me hallo en el mar común de los sueños que nos disipan.
Dejemos las geniales estúpidas ideas apartadas en culos ajenos. Creo que mi amigo Copleston tiene razón. Iré a ver con que tontería me sorprende esta noche.

miércoles, 9 de enero de 2013

Diez palabras

Tus cabellos fueron movidos por él,
Ráfaga de aire frío e implacable.
Miraste a la orilla de los barcos de papel.
Con tu silencio, llegó y se nos hizo tarde.

El grito sordo habitó tus oídos,
Tocó tus manos, encogiste el alma
Con la sensibilidad de un beso.
Se ausentó de ti, te dejó calma.

Pronto el frío fue quemando como fuego.
Pronto tus labios convirtieronse rojos.
Pronto tu sensata cordura fue agresiva locura.

Tarde volviste a ti, en sí, a tu ego.
Tarde fuiste pura, no te quitaste los despojos.
Tarde, para tu corazón, llegó la cura.

domingo, 6 de enero de 2013

¿En qué puedo creer cuando no creo en nada?

Absorto te quedas ante esta pregunta. Tu cerebro comienza a moverse de nuevo pero a niveles milimétricos, comienza a reestructurarse, llenando aquellos huecos vacíos con las experiencias vividas, personas conocidas y aquello que nos atrae mas pasión que virtud. En ese hueco pude localizarte, en ese hueco metida, imprescindible para que aquello marchara, que los engranajes cuadraran. Ese hueco rojo y activo. Te encontré en mi corazón. También te hallé en mis recuerdos de juventud, siendo felices, siendo locos, siendo criaturas a merced de noches toledanas, de las que nos agarrábamos a la luna, en la que los litros corrían, en las muchas noches que, si había suerte, amanecía. Te encontré en mis noches de soledad, te encontraré en mis noches de inspiración, te encuentro cada noche en mi puerta, esperando que ambos podamos ser dos medios huecos, dos medios cuerpos, dos medias almas. En una noche de penas, soledades, cerveza y whisky supimos vernos, arrastrar la piel que nos cubría, saber que no era necesario tiritar. Nunca quise hacer una argumentación de estas razones, pero prometí que de mis dedos saldrían palabras que acariciasen tus oídos con los tiempos vividos, con los que estamos viviendo, con los que viviremos. No se si quiero que en mi cabeza vuelen tus miles de pájaros, ni los miles de idiomas, que a pesar de ser violentos al oído, son bonitos al corazón. Lo que si sé es que cada noche esperaré un toque para salir, para romper tus labios con mis besos, para que dejes de estar sola... Por que soy fan de tus manías y de tus vicios, por que me gusta hablarte y que me escuches. Por una aventura de anónimos nombres, por tu sonrisa, por los mordiscos en los hombros, por tus prisas. Por eso te dedico mis tardes llenas de amistad, amor y risa.