martes, 8 de julio de 2014

Cuando uno mismo se enamora, actúa con un "más allá" en la cabeza, una trascendencia copiosa, tendenciosa, e incluso, insoportable.
Hace ya más de un par de años que he perdido ese "más allá", que no lo he buscado, que no lo tengo. En definitiva, que no está.
Pero, opuesto a ese gran absoluto, que es el amor, estas tú; un pequeño cúmulo de electrones positivos y negativos chocando a medio camino entre el cariño que te tengo y mi paciencia. Tú no tienes esa trascendencia pomposa y estética, sino que eres totalmente diferente, pues no actúo contigo pensando en un "para qué" futuro, lo que quiero de ti es disfrutar de nuestro presente, de enamorarnos y emborracharnos de esta vida, a veces tan triste, tan solitaria, tan fría...
No es tu calor a mi lado lo que busco, sino la cercanía, la tranquilidad de tenerte y sentir que si se me cae el mundo, al menos me queda tu sonrisa.
Entran en juego mis sentimientos cuando hablo de ti, pero como con todo lo importante en mi vida... ¿Cómo no voy a enamorarme de mi amistad contigo si eres lo único que ha perdurado todo este tiempo?
Lógicamente, eres un juego de premisas que conozco, y por mucho que combine, siempre me darás el mismo resultado: tú. Todo vuelve a ti.
Pero no seremos pasto de los tiempos de sequía. No entendemos el idioma del sexo, aunque sí aquél del amor, el de quererte sin apretar, sostenerme cuando llegue el abismo, verte bailar por los espejos, el de ser libres, ser uno mismo, pero sin estar demasiado lejos.
Si digo que te quiero, sé que no te asustas, que lo digo de manera amplia, que no tengo ningún miedo cuando te digo que en esta vida, tú te vienes conmigo.
Eres como "Jarabe de Palo", un desfiladero: a un lado el amor, al otro la amistad. En medio estamos tú y yo disfrutando de la puesta de sol, sin caer ni para un lado ni para otro, soportándonos en equilibrio.
Y nuestros cuerpos no son otra cosa que la accidentalidad de la naturaleza, una forma de representarnos en el espacio lineal del tiempo.
Desconozco los factores que nos hicieron coincidir, el don de la existencia a tu lado, de forma geográfica, social, temporal... Pero estoy agradecido, por tenerte, por quererte, por odiarte, por no sucumbir a mis ganas de extrangularte. Por que seas mi esposa y tener un hijo precioso.
Y juntos, como un pseudo-amor, vivir uno al lado del otro. Nunca sabes cuando se pueden caer nuestros universos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario