Cuando uno mismo se enamora, actúa con
un "más allá" en la cabeza, una trascendencia copiosa,
tendenciosa, e incluso, insoportable.
Hace ya más de un par de años que he
perdido ese "más allá", que no lo he buscado, que no lo
tengo. En definitiva, que no está.
Pero, opuesto a ese gran absoluto, que
es el amor, estas tú; un pequeño cúmulo de electrones positivos y
negativos chocando a medio camino entre el cariño que te tengo y mi
paciencia. Tú no tienes esa trascendencia pomposa y estética, sino
que eres totalmente diferente, pues no actúo contigo pensando en un
"para qué" futuro, lo que quiero de ti es disfrutar de
nuestro presente, de enamorarnos y emborracharnos de esta vida, a
veces tan triste, tan solitaria, tan fría...
No es tu calor a mi lado lo que busco,
sino la cercanía, la tranquilidad de tenerte y sentir que si se me
cae el mundo, al menos me queda tu sonrisa.
Entran en juego mis sentimientos cuando
hablo de ti, pero como con todo lo importante en mi vida... ¿Cómo
no voy a enamorarme de mi amistad contigo si eres lo único que ha
perdurado todo este tiempo?
Lógicamente, eres un juego de premisas
que conozco, y por mucho que combine, siempre me darás el mismo
resultado: tú. Todo vuelve a ti.
Pero no seremos pasto de los tiempos de
sequía. No entendemos el idioma del sexo, aunque sí aquél del
amor, el de quererte sin apretar, sostenerme cuando llegue el abismo,
verte bailar por los espejos, el de ser libres, ser uno mismo, pero
sin estar demasiado lejos.
Si digo que te quiero, sé que no te
asustas, que lo digo de manera amplia, que no tengo ningún miedo
cuando te digo que en esta vida, tú te vienes conmigo.
Eres como "Jarabe de Palo",
un desfiladero: a un lado el amor, al otro la amistad. En medio
estamos tú y yo disfrutando de la puesta de sol, sin caer ni para un
lado ni para otro, soportándonos en equilibrio.
Y nuestros cuerpos no son otra cosa que
la accidentalidad de la naturaleza, una forma de representarnos en el
espacio lineal del tiempo.
Desconozco los factores que nos
hicieron coincidir, el don de la existencia a tu lado, de forma
geográfica, social, temporal... Pero estoy agradecido, por tenerte,
por quererte, por odiarte, por no sucumbir a mis ganas de
extrangularte. Por que seas mi esposa y tener un hijo precioso.
Y juntos, como un pseudo-amor, vivir
uno al lado del otro. Nunca sabes cuando se pueden caer nuestros
universos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario