Me gustan las noches que empiezan con una cerveza y acaban en tus labios,
las noches que pasan como estrellas fugaces en un mar de oleaje extraño.
Me apetecen los días en los que nuestras miradas distan un segundo,
en los que tus ojos crean un mundo donde me miras fijamente.
Me encantaría que mis manos te quitasen la ropa, que mis palabras anulen excusas,
me gustaría tanto que bebería de tu copa y te hablaría en la lengua de las mariposas.
Me moriría por partirte los labios con un beso, y también por compartir penas.
Querría ser, a tu cuerpo, preso; esclavo al ritmo de tus caderas.
Y en ese momento entra el viento y desgrana tus labios en ceniza.
Solo quería tener ese momento, pero todo pasa demasiado deprisa.
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