Y sigo pensando en aquellos recuerdos, los que acompañan a tu voz subtitulada con palabras e impresiones. Doler la piel y sangrarte cada gota. Y como arpegios estelares viene a mi mente aquella bossanova que te cantaba cada noche, mientras te hacías la dormida, mientras te tenía entre mis brazos. Aprieto aquel vidrio que contienen mis manos, frío, ajeno a mi cuerpo, como si nos separaran universos interestelares. Vuelvo a darle un nuevo trago y a secarme aquellas lagrimas que me surcan por la cara. Siento como el calor de aquella bebida me hace indagar, me lleva a mis entrañas; una vez allí, nado tranquilo. Un estado de furia interna, apenas exteriorizado por un leve movimiento de ceja, casi imperceptible, me consumió. Entonces me pregunté qué fue aquello que me hizo ganar su atención, que hizo que nuestros ojos se hallaran en aquella solitaria noche de Diciembre: El tiempo.
Todo es el tiempo que dedicas. Somos tiempo, el tiempo que duramos, que somos útiles... La cantidad de tiempo de algo se traduce a dinero. Nuestro cuerpo nos marca con el tiempo. Nos delatan las arrugas, el exceso de tiempo en este mundo. Nos delatan las marcas de afecto en cuellos y demás zonas intimas, tiempo que fuimos felices. También hablan las marcas de nuestros excesos, mal tiempo, tiempo que no valoramos como tiempo. Y aquel beso, aquel hermoso beso con el que ella se comió mis labios, cuando todo se redujo a dos cuerpos que se intentaban hacer uno. Ahí fue cuando el tiempo, realmente, dejó de existir. Ella era aquello que hacía mi mundo mágico, pues controlaba mi tiempo, lo manejaba a su antojo, aunque nos daba igual que horas fueran para hacernos arrumacos. Cuando nos íbamos a dar cuenta, ese tiempo había volado y había amanecido. Pero al fin el tiempo nos jugó la mala pasada de separarnos; solo me la dejó en recuerdos, en un pasado. La arrebató de mi hoy, de mi tiempo presente, que era de cada día, mi regalo.
Y ahora absurdo e incomodo sigo sintiendo caer ese tiempo por mis orejas, como lo trago junto a este vino. Y si la viera le diría que cada día la siento mas cerca, que es mi musa, que vayamos de la mano a matar el tiempo con cada uno de los besos que hacía cortar hasta el aliento, que amanezca como aquel sábado, mientras las persianas tapaban aquellos primeros claros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario