lunes, 19 de agosto de 2013

La noche de las estrellas

Hoy tu desnudez fue la gota que calma al vaso.
Culpa de las secas bocas que anteanoche no dejaron de tragar.
Fueron nuestros cuerpos los que, yacidos, contemplaron el ocaso,
y recuerdo que aun en tus ojos veíamos el mar.

Tus manos libertinas y pendencieras, traviesas en todos los sentidos,
vinieron a la puerta de mi cuerpo, acariciaron mis oídos,
prometieron una noche larga, me gritaban: hazme lo que tú quieras.

Vuelvo a tu fe, vuelvo a tus brazos. Átame con ese hilo transparente,
con el solo tú puedes sostenerme. Bendame los ojos para que no pueda verte
mientras arañas mi espalda a trazos, mientras que por tu bosque deseo perderme.






















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