Actualmente mi presente físico se resume en horas de estudio, horas de sueño, comida, breves charlas banales y escasos momentos de felicidad puntual. Mi presente mental se divide entre el presente real, lo que pienso inmediatamente: preocupaciones por los horarios, los tiempos, la prisa y la brevedad del propio presente real, y el presente futuro. El presente futuro lo definiría como el precipicio que separa a ambos. Allí están mis continuas divagaciones sobre el "ego" del futuro. Comienzos y fines de procesos mentales, analíticos, sociales y sobre todo el comienzo en algunas instituciones. Una pregunta que podría asaltarnos es: Sabiendo que el presente está en continuo cambio y que no podemos tocarlo... ¿Nos podemos sentir perseguidos de alguna forma por él?
LO QUE LE DOY A CADA DÍA
Lo que pienso que le doy a cada día es una mezcla de mi presente físico y un sentimiento de culpabilidad persecutoria. Parece que cada vez que me paro a pensar en la trascendencia, importancia o realidad de mis actos, me desvinculo totalmente de la meta a la que quiero llegar, como si el camino que hubiera tomado fuera justamente el opuesto. En algunos espejismos de positivismo ilógico me encuentro contento y feliz pensando que todo saldrá bien y que la magia misteriosa me salvará el pellejo en esta ocasión. La culpabilidad es arrolladora. Aprovecha estos momentos de tranquilidad para susurrarte que sigue ahí, que aún no se ha ido y que el tiempo que necesitas para solucionarte la papeleta sigue corriendo. Pero no me doy prisa. No sé por qué pero no me doy prisa. Dudo si es por el cansancio, desgana o ese pre-existencialismo del que algún día he hablado. Solo espero que me deje en paz esa manía persecutoria.
Y va por ti...
LO QUE LE DOY A CADA DÍA
Lo que pienso que le doy a cada día es una mezcla de mi presente físico y un sentimiento de culpabilidad persecutoria. Parece que cada vez que me paro a pensar en la trascendencia, importancia o realidad de mis actos, me desvinculo totalmente de la meta a la que quiero llegar, como si el camino que hubiera tomado fuera justamente el opuesto. En algunos espejismos de positivismo ilógico me encuentro contento y feliz pensando que todo saldrá bien y que la magia misteriosa me salvará el pellejo en esta ocasión. La culpabilidad es arrolladora. Aprovecha estos momentos de tranquilidad para susurrarte que sigue ahí, que aún no se ha ido y que el tiempo que necesitas para solucionarte la papeleta sigue corriendo. Pero no me doy prisa. No sé por qué pero no me doy prisa. Dudo si es por el cansancio, desgana o ese pre-existencialismo del que algún día he hablado. Solo espero que me deje en paz esa manía persecutoria.
Y va por ti...
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