martes, 5 de febrero de 2013

6 horas de sueño real...

Fueron seis horas de un placentero y profundo sueño.
Seis horas tan cortas, tan efímeras.
Interpretamos el papel de amigos de otoño;
tú, con pasión, floreciste, siendo primavera.
Y por mas que suplico y  pongo empeño,
fuiste para mi mente una quimera.
Ahora tengo el alma en el puño
de no saber cuando yacerás a mi vera.

Cuando mis brazos quedaron alargados,
extendiéndose para destensar mis músculos,
pudieron comprobar que seguías a mi pegado.

Mientras tus caricias se derretían por mi cuerpo,
tus yemas las espolvoreaban por mis cabellos.
Mientras, me hacías sentir que tu magia me hace bello,
que en el partido de la vida, nosotros ya eramos un equipo.

Cuando desperté no encontré ningún punto o coma que se posara en tu cara,
esas mismas pecas o lunares con los que ahora puntualizo mis escrituras.

Nada hubo mas romántico que aquel amanecer,
donde la noche nos dejó el alma desnuda.
Nada mas precioso, a mi parecer.
Ni las rimas de Becquer, ni los veinte poemas de Neruda,

"(Solo nuestras almas que se miran, mientras nuestros cuerpos se desnudan.)"

Ni un piano interpretando "Claro de luna",
ni Barcelona entera construida por Gaudí,
ni "La dama de las camelias" de Dumas,
ni los relojes estirados de Salvador Dalí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario