Estoy componiendo escarchados versos por tus imaginarios carrillos de noche de otoño. Y en cada monte aletean los bucles de tu pelo. Cada noche esperas a que mi mirada asome entre alguna nube, que baje en agua de estrellas, que me vierta en tu suelo. Solo esperas unos segundos a que tus palabras me soplen aquellas burbujas que vienen de tu cabeza, lo que conviertes en ideas. El camino que algún día ambos correremos para abrazarnos en una cámara lenta que nos da una atmósfera de astromanticismo para al fin encontrarnos en el para siempre.
Y entonces vendrás,
vendrás corriendo hacia mi,
aunque ahora no sé dónde estás.
Vendrás a postrarte sobre mi, conmigo, encima.
Correrás hacia mi, mujer amada mía, sin prisas.
Yo estaré tumbado, escribiéndote en esta encina.
Cuando llegues prepárate, te colmaré de sonrisas.
Licor en mis noches de violetas nevadas
beberás el agua del río que roza nuestro pecho.
Nos degustaran la seda y el lino con deleite
Las luciernagas están en los escaparates atrapadas.
Dejémonos la sangre corra por el oscuro techo,
Mientras tu y yo nos embadurnamos en aceite.
No hay comentarios:
Publicar un comentario