Ya no me encuentro con el pasado,
ese pérfido y estulto amigo,
el que me prometía vida de casados,
el que me juró su abrigo.
Ya no florece nada en mi vergel de abrazos
las semillas fueron piedras; no germinan.
Fue nuestro futuro un boceto a trazos,
una historia que, antes de empezar, termina.
Ya no soy yo aquél que bajo las piedras te busca,
ni ese ratón que volvía para que le dieras su queso,
el que inmortalizaba a cada instante tu sonrisa etrusca.
Mucho menos el que pelea cada día por uno de tus besos.
Solo soy en tu lecho de muerte, unos puntos suspensivos.
En tu olvido, la mancha de unos día anotados.
En tu mente, el rastrojo de un día de futuros pasados.
En tus ojos soy aquella mala cara ante el beso esquivo.
En tu cuerpo ya no soy aquellas ropas con su olor.
En tu piel, la piel anexa que ahora es escoria.
En tus labios, el robo de aquellos segundos de hedor.
En tu vida, el pedacito de memoria, que ya es historia...
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